Carlos Fuentes y la identidad como continuidad
Marco A. Orozco Zuarth [email protected]
Primera de dos partes
“…un país sin memoria es un país muy desgraciado…”.
Marco A. Orozco Zuarth
Uno de los temas fundamentales en la obra de Carlos Fuentes es la identidad del mexicano, es una identidad concebida como la continuidad de muchas identidades que se fusionan a través del tiempo. Este es un punto en donde su lenguaje literario converge con el político. Afirma que todas las culturas están hechas de encuentros a lo largo de treinta siglos, que han transcurrido en el territorio que hoy conocemos como México. Advertimos pues, la concepción evolucionista del espacio y el tiempo, interactuando a cada momento en las relaciones sociales de las comunidades.
Ese fue uno de los comentarios que me hizo hace dos años, cuando tuve la oportunidad de desayunar con él, en Los Portales en el Puerto de Veracruz. Sin duda una concepción muy universal, como lo era él mismo. Siguiendo en esta línea discursiva, encontramos los siguientes elementos en algunas de sus obras.
En La región más transparente, hace un recorrido histórico a través de personajes desde Ixcóatl hasta Zapata; sin duda, un recorrido de identidades que se van tejiendo a través del tiempo y las circunstancias. En La muerte de Artemio Cruz, el protagonista en agonía hace un repaso de episodios de la revolución que dan paso a identidades instantáneas. En Gringo Viejo, enfatiza la idea de la construcción de la identidad como algo cotidiano, que no debemos tratar de retenerla, pues al hacerlo inmediatamente se pierde. En Terra Nostra, nos adentra con nuestra herencia hispana.
La concepción de identidad y continuidad, le permitía proponer la conciliación entre esta y la diversidad, propuesta que manejó estos últimos años. Pero veamos lo que decía hace ya casi veinte años en una entrevista que le realizó Marín Solares, publicada en La Jornada Semanal el 12 de septiembre de 1993: “Yo creo que los treinta siglos mexicanos solo se pueden entender críticamente celebrando la continuidad, porque eso es una fuerza extraordinaria que tenemos, pero la continuidad no se da de una manera amable, no se da de una manera no conflictiva, sin conflicto social, sin desigualdades, sin injusticias, sin derramamiento de sangre, sin violencia, ¡qué va! Es una continuidad que si existe nos ha costado mucho, que requiere un esfuerzo extraordinario de memoria y de conocimientos, y de aceptación de lo que no somos dentro de lo que somos…”.
Continuará.










