Cavilaciones sobre mi Tuxtla
Marco A. Orozco Zuarth [email protected]
Concluimos esta crónica, escrita por Jorge Marengo Camacho 2016
(Segunda y última parte)
Alegre también se ponía la pista de patinaje de la Plaza Bonampak, ya la de “las Pampas” del Parque Morelos no daba pa´tanto gentío. Además del cine, los fines de semana, tocaba ir con la hermana chica a comer raspado de vainilla con plátano a Convivencia y tu paseíto en lanchita, sabrosoo.
La Tuxtla de antes, tenía más casas abiertas y más mecedoras de madera, había más cotorros en los patios y todo mundo tenía un su árbol de limón. Recuerdo más delantales y más bulla de pueblo que de ciudad, veía más juncia, creo que hasta la marimba era más libre, no se la pasaba tan encerrada como ahora, aunque tal vez me equivoque.
Los sabinos eran, además de árboles, un club donde pasaban los días, entre pelotazos y ping pon. En mi Tuxtla de ese entonces, la señora de los taquitos de Comisión se acababa de pasar a lado del Río Sabinal y con 10 pesos comías 4 tacos y un pozol. Las hamburguesas de Terán era lo más Inn por mí rumbo; sin embargo, si alguien nos iba a visitar desde el “lejano oriente”, pedíamos garnachas de una señora de allá por el 5 de mayo, que dizque era jucha y buenaza pa’ esos menesteres.
Un día crecimos y nos tocó conocer los puntos más estratégicos de la capital pa’ la supervivencia nocturna: “Los güeros”, “El Ovni”, “El Pelucas”, “Las 5 esquinas”. Después de las doce de la noche, ‘char trago afuera de la disco o conocer el método de la Caguama en bolsita y descubrir interesantes tugurios donde igual llegaban deportistas de Caña Hueca, que políticos que no querían que los miraran o albañiles haciendo obra ahí por el rumbo.
Pasó el tiempo y namás me acuerdo y me río solito, de tanto que me ha dado mi pueblo y tan bonito que fue lo que viví, porque fue mío. Esa mi Tuxtlita, con tus árboles tan grande, tu calor tan fiero y tus botaneros tan sabrosos.
Al final del día… ¡creo que me caes a toda madre!










