La crónica hablará por Chiapas

Mi tercer ojo

Crónica de Enrique Orozco

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

A veces escribo por las noches. Ayer así pasó, después de ver el box en la televisión, me puse a reescribir el final de un cuento que mis asesores: Dora Celina y mis hermanos la Meca y Wili, opinaron que se aguadó al final.
Cuando publico un cuento, una anécdota u ocurrencia, espero la reacción de mis amables lectores y leo con interés todo lo que me escriben. El relato puede sufrir cambios y los guardo a esperar el milagro de encontrar editorial que quiera publicarlos.
Escribo en una recámara aparte para no molestar a Dora Celina con mis rutinas nocturnas, ella tiene el sueño ligero. Duermo siempre tres o cuatro horas y otra vez leo, escribo o miro una película.
De la recámara hay salida a la terraza con una puerta de cristal corrediza que mantengo siempre abierta. Soñando vi la luz de la terraza encendida y salí a apagarla: un niño desconocido jugaba ahí, le pedí se fuera y apagué la luz. Pasó un rato y otra vez la luz; salí, otro niño jugaba, lo corrí.
Cerré la puerta pero ahora, un gordito tenía la nariz pegada al cristal y me veía, molesto le pedí se fuera. En mi sueño traté de dormir, pero otro chamaco casi se coló a la recámara, lo corrí. Salí a apagar otra vez la luz de la terraza. Una muchacha de 17 o 18 años me sonrió, le pregunté quién era, no contestó.
-Unos niños me están molestando- me quejé.
Se acercó, con sus dedos tocó mi frente: “Ya no los verás más -dijo-, me voy porque debo curar a otro”.
Ya bien despierto, recordé que Miguelito, mi nieto de dos años, a veces señala a la terraza y en su media lengua dice: “nene”, y quiere salir a jugar, en ocasiones, inexplicablemente se aterroriza mirando a ese lugar y cuesta calmarlo.
Dora Celina dice que el nieto aún tiene abierto el tercer ojo y por eso ve cosas que nosotros no. Ella piensa que la muchachita de mi sueño puede ser mi ángel de la guarda y que dormido se activó mi tercer ojo.
¿Tercer ojo? ¿Yo? ¡Joder!, ya no sirven mucho los dos con que nací y ahora resulta que tengo refacción, ¡un tercer ojo! ¡Y en la frente! Ojalá este sirva y no requiera lentes. Pero ¿quién sabe? Cuando escribo de noche y duermo un rato, a veces sueño cosas raras e inexplicables.

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