La crónica halará por Chiapas

“Escribir en este encierro: la pulsación del eco de Marlene Villatoro”

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Primera de tres entregas
En Tiempos de pandemia, el más reciente libro de Marlene Villatoro, flota un aire inicial, desde el mismo título, de dos géneros escriturales (porque van más allá de lo literario): el manifiesto y el testimonio. Del primero, que remite siempre, invariablemente, a las palabras «un fantasma recorre…», se sigue con precisión el aire espectral que invade la atmósfera de los poemas compendiados y equilibrados, de suerte que hay fantasmas desde el inicio: «todos los muertos por Covid 19», en la dedicatoria, y el «aire que es nuestra única escritura», en el epígrafe general de la primera parte, de Inger Christensen; hasta el último poema, donde
los pájaros despiertan…
en una imagen suspendida.
De tal suerte hay espectros en esta obra, que no solo están en los cadáveres, en los recuerdos y en las reminiscencias de lo que fue muriendo en el interior de las personas y hasta los demás seres (animales de compañía que se quedaron sin presencia afectiva humana, plantas que se fueron desecando en hogares y entornos de personas, y así más y más existencias), sino que remiten también a los vivos que se fueron convirtiendo en series de imágenes espectrales («contornos de ser», dijo alguna vez Alfonso Reyes en su primer ensayo, dedicado al teatro griego antiguo), dentro de sus encierros físicos y en sus reclusiones virtuales, desde los que hablar y entablar comunicación, incluso nada más visual, se develó como un ejercicio casi de un más allá donde voces e imágenes se entrecortan y fragmentan, como destinándonos a una naturaleza jamás completa cuando no hay contacto presencial ni sensitivo.
Del segundo de los géneros escriturales, el testimonio, se sigue la actitud y el alma misma del libro, donde la escritura -la pluma poética que afronta la situación y la bitácora- presenta los entornos y las situaciones desde la inmediatez en dos contextos y ambientes: el del planeta herido (primera parte) y el del muro despiadado (segunda sección). En cada uno de ellos ejecuta su lenguaje Marlene Villatoro, incluso desde el infinitivo impersonal, que como tal y de suyo, más que desresponsabilizarse de las personas, las involucra a todas, como en el poema inicial y germinal del título de este saludo crítico a la autora:
Escribir en este encierro
es como gritar en la pulsación del eco
[…]
Decir, cómo deambula la muerte entre los puentes,
derrumbe de plomo en la cabeza

Pero, por lo común, es Villatoro quien toma la palabra y afirma sus circunstancias de golpe y en principio augural, a veces en primera persona de singular:
Al camino pedregoso de las horas
me lleva el instante
y mientras sostengo la piel del mediodía
murmuran las palabras en los oídos del sueño.

Y también, en ocasiones, en primera persona del plural:

Podríamos perder la brújula si atraviesa el límite
y si cerca el entorno
atacará la plaga más voraz.

Continuará.

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