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Un hombre con una carrera artística admirable. Actor dotado por igual para el drama y la comedia –participó en más de 100 películas–, cantante de ópera, guionista y director, fue uno de los consentidos del público y la crítica gracias, entre otras cosas, a sus actuaciones en joyas fílmicas como Ahí está el detalle (1940), En un burro tres baturros (1939), El baisano Jalil (1942), El barchante Neguib (1946), La familia Pérez (1948) y la que quizás fue su película más famosa: México de mis recuerdos (1943).
En México de mis recuerdos, Pardavé dio vida a Susanito Peñafiel y Somellera, el hilarante y muy particular secretario del Presidente de la República, un rol que todavía muchos recuerdan en México con especial cariño.
También Pardavé ha sido el único actor mexicano que fue enterrado vivo.
¿Entierro prematuro?
Enterrado vivo, al igual que el personaje central de “The Premature Burial” (“El entierro prematuro”), el famoso cuento de horror de Edgar Allan Poe.
Eso, al menos, cuenta una popular leyenda en México.
En la noche del 20 de julio de 1955 –un día como cualquiera: había ido a los estudios a rodar escenas de dos películas en las que participaba y luego hasta jugó bowling con un sobrino y otros amigos–, falleció Joaquín Pardavé en Ciudad de México a consecuencia de un fulminante derrame cerebral.
Tenía solamente 54 años, pues había nacido en Pénjamo, Guanajuato, el 30 de septiembre de 1900.
Su esposa, Soledad “Cholita” Rebolledo, sus sobrinos –no tuvo hijos-, amigos y personalidades del espectáculo lo velaron y posteriormente le dieron cristiana sepultura en el lote de actores del panteón Jardín de la Ciudad de México.
Hasta ahora es una historia trágica, triste, pero no aterradora.
La pesadilla comenzó a los tres días del funeral. Un periódico amarillista llamado El Zócalo publicó en primera plana una noticia escalofriante: el legendario actor Joaquín Pardavé había sido sepultado vivo.
Según el diario, había muerto tras padecer de una prolongada agonía y no de un momento a otro, como se divulgó entonces y quedó asentado en el acta de defunción.
Fueron dos sobrinos quienes presuntamente descubrieron este horror al desenterrar el cuerpo en busca de un billete ganador de la lotería que el actor había comprado la víspera y todavía reposaba en alguno de los bolsillos del traje con que fue enterrado.
Otra versión muy difundida en la época apunta a que los familiares desenterraron para poder recuperar, no un billete de lotería, sino el testamento del actor que, por error, fue depositado dentro del ataúd.
Según El Zócalo y otros diarios sensacionalistas, luego de que los sobrinos retiraron la tierra y las losas que protegían el ataúd, levantaron la pesada tapa y fue así cómo dieron con el macabro hallazgo: la tela que recubría el ataúd estaba manchada de sangre, el actor yacía boca abajo, como si hubiese estado buscando apoyo para levantar la tapa con la espalda y poder abrirse paso entre la tierra, rumbo a la vida.
La tapa del ataúd, según decían, estaba arañada por dentro, prueba de la desesperación, de la horrible situación por la que pasó al abrir los ojos dentro del sepulcro.
Murió, según la
leyenda, por asfixia.
Comenzó entonces a circular la especie de que el actor padecía de ataques catalépticos y que ese 20 de julio de 1955 su médico de cabecera estaba lejos de la ciudad y que sus familiares, al revisarlo, lo dieron por muerto, sin estarlo.
Los riesgos de la catalepsia
Por catalepsia –o “muerte aparente”– se conoce a un estado biológico en el que una persona viva presenta todas las características de un deceso: entre otras, rigidez corporal, respiración lenta, ritmo cardíaco muy bajo, palidez en la piel, ausencia de respuesta a estímulos.
Dependiendo de su intensidad, un ataque de catalepsia puede durar minutos, horas o hasta días, en los casos extremos.
Recientes estudios forenses han determinado que en tiempos remotos muchas personas –muchas– fueron prematuramente sepultadas, estando aun vivas, lo que se conoce como vivisepultura.
Un rumor de seis décadas
¿Pudo ser un caso de catalepsia el de Joaquín Pardavé? ¿Acaso le practicaron al actor una vivisepultura?
Por años, los familiares negaron con vehemencia la veracidad de la historia explotada por los diarios sensacionalistas.
Pero, pese a todos los esfuerzos, a los desmentidos y a las evidencias, no lograron erradicarla del todo, al punto de que hoy, seis décadas después de su fallecimiento, persiste en México la idea, la creencia de que, en efecto, Pardavé fue enterrado vivo.
Oficialmente, la tumba del actor volvió a abrirse en 1960, a raíz de la muerte de “Cholita”, la mujer de su vida, con quien se desposó en 1925 (el féretro que contiene sus restos nunca se abrió).
Hoy los dos enamorados descansan en paz, uno junto al otro.










