‘La Nochetriste’ de Hernán Cortés

Luis R. Gordillo

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

En la memoria colectiva del pueblo de México, se encuentra un episodio que recuerda la grandeza de nuestras raíces prehispánicas: la noche en que el pueblo azteca derrotó el poderío de los conquistadores hispanos. Ocurrió la madrugada del 30 de junio de 1520, hoy, hace justamente 501 años.

Se le conoce como ‘La Noche Triste’ porque según la leyenda, Hernán Cortés lloró desconsoladamente al pie de un ahuehuete tras la dolorosa derrota propinada por la encolerizada población, mientras huía de la Gran Tenochtitlan.

Si en realidad Cortés lloró o no, en ese ahuehuete del poblado de Popotla (del que aún quedan restos, según la tradición), es un asunto que sigue siendo tema de discusión -según la fuente que se consulte- pero es indudable que esa noche fue terriblemente triste solo para los derrotados, mientras que para la nación mexica y su descendencia, fue una noche verdaderamente gloriosa.

Antecedentes

Durante el mes de mayo de ese año, Hernán Cortés había salido de Tenochtitlan con rumbo a Veracruz, para enfrentar a Pánfilo de Nárvaez, que había sido enviado desde Cuba con la orden de detenerlo y llevarlo preso. El conquistador dejó al mando a Pedro de Alvarado, con la orden de mantener cautivo a Moctezuma.

Cortés venció a Narváez, pero en su ausencia, se llevó a cabo una ceremonia muy importante de los mexicas: la fiesta de Tóxcatl, que se hacía en honor a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Alvarado y sus hombres quedaron deslumbrados ante los ornamentos que la multitud portaba en honor a sus dioses y mientras los sacerdotes danzaban y la multitud seguía la ceremonia, Alvarado dio la orden y sus hombres arremetieron contra la multitud, totalmente desarmada.

La masacre fue terrible. Pasó a la historia como La matanza del Templo Mayor o Matanza de Tóxcatl y provocó la rebelión inmediata de los mexicas, que por primera vez levantaron armas contra los invasores.

Al volver Cortés, la situación era insostenible y planearon una retirada táctica de Tenochtitlan, con la intención de reorganizarse. Empacaron sus pertenencias, así como el oro y las joyas obtenidas durante la masacre y durante su estancia en esa gran ciudad.

La Noche Triste

Al llegar la noche intentaron salir con sigilo, pero fueron descubiertos y la voz se corrió de inmediato entre la población, que acudió en miles a enfrentar a los ahora considerados enemigos. Tuvieron que salir por la Calzada a Tacuba, que unía el islote con tierra firme, pero los mexicas llegaron en lanchas a ambos lados de la calzada y una lluvia de piedras y flechas cayó sobre los desorganizados ibéricos, que auténticamente huían por sus vidas.

Las fuentes citan entre 600 y 800 españoles muertos -y más de mil aliados tlaxcaltecas y de otras etnias que se unieron a Cortés- muchos de los cuales cayeron a las aguas del lago, donde murieron.

Los sobrevivientes llegaron a Tacuba. En el camino se encuentra Popotla y según Bernal Díaz del Castillo, fue donde Cortés derramó las lágrimas por su derrota.

Esta fue la única victoria del pueblo mexica y a la postre se volvió en su contra, pues Cortés y sus hombres sanaron sus heridas, fortalecieron su milicia, ganaron más adeptos entre los pueblos sometidos por los mexicas y finalmente volvieron, para derrotar al que fuera el imperio más poderoso de Mesoamérica, que se rindió el 13 de agosto de 1521.

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