La poesía es mi abuela

Curiosidad

José Manuel Morales Penagos.

Tengo curiosidad por saber qué haces,

En las tardes cuando el sol se esconde,

Cuando el horizonte es tímido,

Y la noche elegante.

Ese preciso momento, 

Ese instante,

En que el corazón grita buscando un eco,

Y la lágrima se congela en el recorrer frio de la existencia.

Acaso la humedad de mis recuerdos

Refrescan tus ojos,

Y tirada en la cama te impregnas de mí,

O quizá sólo duermes.

Y si sólo duermes,

En que sueñas,

En Adas y Ángeles guiándote,

O de alguna forma me sueñas.

Y si me sueñas de alguna forma,

Mi ser habita en ti,

Sera que muy en el fondo,

Vive mi amor en ti.

Y si vive mi amor en ti,

Que hacemos tan perdidos,

Tan alejados,

Tan olvidados.

A la deriva

Por: Jen Zenteno

Me sumerjo en el agua viviente,

como una moneda lanzada pidiendo un deseo,

me hundo con huesos de anclas y dientes de piedra.

La sal quemando mis ojos como lágrimas retenidas,

entrando por mi nariz como el humo de tus cigarros,

mientras olas me arrullan y ballenas me cantan.

La marea me transporta al futuro,

veo mi vejez en las arrugas de mis dedos,

en cabello de espuma blanca,

el olvido haciendo flotar mi cuerpo.

Sepultura 

Por: Jen Zenteno

Llegó mamá ese día,

me encontró nadando entre mis propios huesos,

puntiagudos como ramas rotas,

trenzados como cadenas oxidadas que rechinan.

Desesperación que germina cada poro en mi cuerpo,

regados por sudor y lágrimas corrosivas,

e incubados por la llama de un cirio blanco.

Mis venas sobresalen como raíces de un árbol viejo,

o una enredadera parasítica que sale por piel agrietada,

tan tierna como la carne viva palpitando,

nazco bajo tierra como embrión de semilla.

Penas

Por: José Manuel Morales Penagos.

Tenebrosas sombras,

Que abrazan,

Ladronas de espíritus.

En la espalda,

Afilan sus garras,

Encarcelan pensamientos,

Sueños y alegrías.

¿Dónde se nutren?

Acaso en el reflejo de las lágrimas,

Acaso en la mirada que se distrae,

¿Quién las mese?

Cunas de la desdicha.

Siglos y Siglos,

Deshebrando sueños,

Con cadenas de olvido

Los han confinado en calabozos,

Detractoras.

Si tan solo son una mota,

Insignificante,

Frágil,

En este y todos los universos.

Con la víspera de la primavera,

Fresca y cálida,

Hemos de negarles,

La mente,

Los ojos,

El corazón.

La lluvia, con su puntual presencia,

Perfumando la tierra virgen,

Entre charcos limpios de agua fría,

Ahogará su peso.

Y con la serenidad del barro,

Que aguarda para convertirse en arte,

Serán transformadas,

Moldeadas.

Abriendo así,

Nuestra conciencia,

En luz que guíe los sueños,

Y en fuego que encienda nuestras vidas.

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