Las botitas del desierto, de Marco Antonio Duvalier

Romeo Duvalier Peña Román
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Marco Antonio Peña Pérez: Nació el 4 de mayo de 2007, en la Ciudad de México. Desde el tercer mes de su nacimiento radica en San Cristóbal de Las Casas. Quiere y ama mucho a esta hermosa tierra.
Cursó sus estudios de educación preescolar en la “María Adelina Flores”; cursó del 1º. al 3er. grado de Primaria en la Escuela Presidente Juárez y del 4º. al 6º. en el Colegio Amado Nervo; Telesecundaria “Pablo Neruda” de la comunidad de San Felipe Ecatepec; Cecyt, Plantel 20, San Cristóbal de Las Casas.
Primer Lugar nacional en el concurso de Crónica Infantil, “El panteón de San Cristóbal de Las Casas”, XLII Congreso Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas A.C., San Francisco, Campeche. 16 al 19 de julio de 2019.
Publicación de libros: Las botitas del desierto, 2018, editorial El Alquimista.
Publicación en memorias y revistas: Memoria del Encuentro de la Asociación de Cronistas del Estado de Chiapas 2017-2020 y Revista Duvalier # 8 (Letras y voces de Chiapas). Mayo de 2019.
Premios y participaciones: Participación en Festivales, Primer Encuentro Nacional de Crónica Infantil y Juvenil en CDMX, 4 de abril 2018. 2do. Lugar: “Las botitas del desierto” en el concurso de crónica “Me lo contó mi abuelito” en homenaje a la Cronista Alba Patricia Bezares, en el marco de la Feria de San Marcos, 24 de abril 2018. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Participación en el cortometraje La Boca del Diablo. Participación en la crónica Infantil “Prof. Manuel Burguete Estrada”, XVII Encuentro Estatal de Cronistas del Estado de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Noviembre 2018. 3er. lugar en crónica infantil “Las grutas del mamut”, XVIII Encuentro Estatal de Cronistas del Estado de Chiapas. La Trinitaria, Chiapas. Marzo del 2019.

Las botitas del desierto
Mi abuelo Eugenio Peña Cruz, se fue a los Estados Unidos en 1998 en busca del sueño americano y también por conocer. Eran ocho mujeres y cinco hombres. Se fueron en el autobús de la Cristóbal Colón, el boleto les costó 350 pesos para México; de México a Sonora, 850 pesos; se quedaron ahí dos días y medio. Luego, una combi los llevó al desierto y pagaron 1,500 pesos por persona. Ahí se unieron otros 14: el grupo en total eran 22.
Compraron dos galones de agua y tardaron dos días para llegar; el primer día se les terminó todo. Estaban preocupados, se hincaron, oraron y también lloraron.
Cuando llegaron al terreno de los indios vieron coyotes que aullaban; se les terminó el agua, tomaron agua de lodo, pasaron un día y una noche sin tomar agua, caminaron una noche y encontraron agua. Si no, hubieran muerto en el desierto. Hallaron liebres, coyotes y muchas víboras, luego llegaron a la aldea de los indios. Ahí los auxiliaron y convivieron con ellos. Son los caciques del desierto, el gobierno los dejó ahí para que vivieran, luego los llevaron a Phoenix, Arizona por trescientos dólares cada uno. Iban escondidos en sus trocas, los tiraron en las huertas de naranjas a las siete de la noche.
Una persona los fue a recoger y los dejó en un hotel, los llevaron a Carolina del Norte. Eran 32 personas en un carro de tres toneladas, tenían un termo de agua y pagaron 800 pesos. Tres días de camino y al llegar solo trabajaron dos días cortando tabaco, les pagaban cinco dólares por hora, estuvieron un mes pero se acabó el jale; luego fueron a Tennessee dos meses; en Orlando Florida, trabajaron en el corte de naranja: les pagaban diez dólares. Posteriormente se fueron a Pajoqui, Florida. Después a sembrar caña, la milla a diez dólares, en Pajoqui tardaron tres meses.
En septiembre se enteró de la inundación de Chiapas, las noticias decían que la costa de Pijijiapan había desaparecido, al no poder contactar rápido a su familia se desesperó y tomo la decisión de regresar a su casa.
Antes de venir llamó a su hijo y le comentó que ahí hubo muchas inundaciones. Tomó el autobús en donde realizó varios traslados de una terminal a otra. Se regresó a su tierra que lo vio nacer, vino hablando algunas palabras en inglés, cual aprendió en los Estados unidos, con sus gafas oscuras y saludaba a todos en su tierra.
Fundación
Armando Duvalier

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