Luis R. Gordillo / Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Acabamos de pasar una de las fechas más importantes en cuanto a tradiciones se refiere, en las diferentes culturas que conforman nuestra actual república mexicana y que, en Chiapas, no es la excepción.
Desde pequeños, conocemos y nos familiarizamos con una de las costumbres más arraigadas en nuestro pueblo: esa relación que mantenemos con la muerte y que resulta incomprensible para otras culturas a lo largo y ancho del mundo.
En Chiapas, como en muchas otras latitudes de nuestra geografía nacional, el Día de Muertos es una de las tradiciones más arraigadas y que no puede pasar desapercibida.
Un ejemplo de esto, es la celebración que se lleva a cabo en familias, escuelas y comunidades enteras. Para muestra, un botón: en el marco de esta festividad, el pasado 31 de octubre, el Jardín de Niñas y Niños “Víctor Manuel Reyna”, llevó a cabo su programa especial con la participación de familias, personal docente y, por supuesto, el alumnado.
Ubicado en la colonia Lomas del Oriente de esta ciudad capital, esta escuela atiende a una pequeña comunidad de niñas y niños que participaron con entusiasmo en el festejo.
La directora del plantel es la maestra Celia Eugenia Zepeda Rodríguez, y el cuerpo docente está integrado por las profesoras Xóchitl Yaneth Flores Ortiz, Ericelia Ruiz Hernández y Flor Deney Guzmán Chamé, así como por el profesor Arturo Antonio Trejo Trejo.
Este profesorado atiende a 96 niñas y niños, distribuidos en 4 grupos, en una zona de la ciudad donde claramente hace falta mucha atención para mejorar sus condiciones de vida. No obstante los desafíos que enfrentan, junto a padres y madres se organizaron para celebrar esta fecha tan especial.
De este modo y en medio de un ambiente de algarabía, enmarcado con la música alusiva a la festividad y los disfraces propios de estos días, niñas y niños fueron agasajados con tamales, champurrado, dulce de calabaza y panquecitos, que también fueron degustados por padres, madres e invitados.
Con paciencia y mostrando buena organización, las y los pequeños hicieron fila para pedir la tradicional “calabacita, tía”, con lo que disfrutaron mucho de esta tradición que, con el tiempo, irán comprendiendo mejor aunque desde ahora, forma parte de esta cultura a la que pertenecen.










