Agencias
Los proyectos Tren Maya y Aldeas Mayas son ejemplos de cómo los gobiernos fomentan el control y mercantilización de la palabra maya como marca comercial y como cultura que legitima una agenda política. Así lo expresó Marco Almeida Poot, investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán, durante el 12 Congreso Internacional de Mayistas.
Ese control que el especialista nombra “mayanidad” corresponden a estrategias jurídicas y políticas basadas en la defensa del territorio y en varias ocasiones a la comercialización de la cultura mediante la turistifiación y patrimonialización. Es decir, actualmente existe una disputa por el significado del término maya.
Almeida Poot comentó que, con el Tren Maya, el Estado ha evidenciado que considera a la población maya actual como pobre y rezagada con miras a desarrollar, y a la vez reconoce su cultura como valiosa y rentable.
“Exalta a los mayas del pasado arqueológico, pero no menciona a los mayas del pasado histórico, considera a los mayas como capital simbólico político para la afirmación de agendas políticas como capital simbólico económico para la generación de valor agregado y de valor cultural a conservar y promover”, dijo.
La población maya es objeto de políticas públicas, capital político y sujeto de derecho, muchas veces no como mayas sino como sujetos agrarios, añadió.
En su ponencia, el investigador mostró una fotografía donde aparece una mujer maya de perfil y detrás la leyenda publicitaria de que el tren ayudará a ordenar el sureste territorialmente con respeto al medio ambiente y los pueblos originarios.










