Wired en Espanol / Anna Lagos
La historia del México antiguo está narrada en dibujos sobre papel amate y piel de venado. Antes de la llegada de los europeos a América, los pueblos indígenas habían desarrollado un método excepcional para perpetuar su rica herencia y conocimiento: los códices. En estos manuscritos pictóricos se inscribían sus historias, sabiduría y cosmogonías. Lamentablemente, un número considerable de estos valiosos registros se perdió -víctimas de la persecución, el descuido o el avance del tiempo- aunque, contra todo pronóstico, algunos lograron desafiar los siglos y nos han llegado como testigos de una era fascinante.
Con la llegada de los españoles en 1519, el Nuevo Mundo se vio inundado no solo por navíos, armas y epidemias, sino también por un hambre por el oro.
Los indígenas no abandonaron la tradición de crear códices, los siguieron haciendo, pero ya con la influencia de la cultura europea: la tercera dimensión, el sombreado y la perspectiva. Durante el siglo XVI, la práctica de la creación de códices se mantuvo vibrante y dio lugar a una nueva categoría: los códices mixtos. Estos no solo mostraban las imágenes, sino que también incorporaban anotaciones alfabéticas, tanto en las lenguas originales de América como en español. Tres de estos documentos pictográficos, conocidos como los Códices de San Andrés Tetepilco, que datan de los siglos XVI y XVII, fueron comprados por 9.5 millones de pesos mexicanos (medio millón de dólares) a una familia que los había atesorado por generaciones y fueron presentados este jueves en el Museo Nacional de Antropología e Historia (INAH).










