Agencias
Muchos de los alimentos que consumimos pasaron por un proceso para que preservaran sus nutrientes en lo que se ingerían, hay diversas técnicas para esto y una de ellas es la microencapsulación, esta se realiza con la formación de “biopelículas comestibles” quiere decir, que se pone una capa o recubrimiento que no altere el olor, color, sabor y por supuesto que sea biodegradable.
El objetivo sustancial de usar esta herramienta es que estos alimentos sean más resistentes durante el proceso de empaquetado y que se protejan sus propiedades nutrimentales, su sabor, y también su apariencia. En el área de la medicina la técnica de microencapsulación es fundamental.
Las plantas contienen compuestos bioactivos (metabolitos secundarios) con gran capacidad antioxidante, inmunoestimulante y antiinflamatoria. Estos compuestos bioactivos son ampliamente usados para mejorar la salud y para preservarlos, actualmente, se usa la microencapsulación o formación de biopelículas protectoras.
Esta técnica la podemos definir como un proceso en el que los nutrientes o compuestos bioactivos, se encierran en un recubrimiento formando una cápsula con una barrera tan impenetrable que impide el acceso de agua, oxígeno y dióxido de carbono, con esto se logra un periodo más largo de uso con una calidad satisfactoria (lo que se conoce como vida de anaquel).
Otra de las ventajas de la microencapsulación, por ejemplo en la medicina, es que estas cápsulas formadas permiten la liberación controlada de los compuestos bioactivos cuando se requieren en cantidades muy pequeñas.
¿Y de qué están hechas las microcápsulas? Estas biopelículas comestibles pueden ser a base de carbohidratos o azúcares como la maltodextrina (es un polvo blanco hecho de maíz, arroz, almidón de papa o trigo) o de proteínas “de suero de leche”.










