Agencias
Los Museos Vaticanos se han volcado para conmemorar el 200 aniversario de la muerte de Antonio Canova, el escultor neoclásico que no sólo dejó importantes obras en las exposiciones pontificias, sino que fue su director, mentor y el héroe que consiguió que volvieran a Italia las obras robadas por las tropas napoleónicas.
Para ello, no sólo ofrecerán un recorrido expositivo por las diferentes secciones donde poder admirar una amplia selección de sus obras, sino que se ha abierto una nueva sala hasta ahora cerrada al público: “La Sala de le Dame”, una pequeña joya escondida en los recovecos de los Museos vaticanos, y otro espacio que recrea la atmósfera del “estudio romano” del escultor requerido por reyes y papas.
En esa pequeña sala de las Damas, la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jata, explica a EFE que en este espacio “se respira ese espíritu antiguo que emulaba el artista y que brilla y llega hasta su época (…) Un espacio bellísimo, con los techos con frescos de Guido Reni, y que eran el lugar adecuado para exponer sus bustos, sus yesos y obras que se han encontrado en nuestros almacenes y que hoy queremos compartir con el público”.
Una sala, añade la directora, dedicada a un artista no sólo vital por “su importancia e influencia en el arte de su tiempo” sino también por ser “una figura fundamental para la política cultural papal que potenció su capacidad organizativa, su espíritu de servicio, su interés por la protección y la salvaguardia del patrimonio artístico que estaba confiado a su vigilante control”.
“Los Museos Vaticanos le deben mucho a este personaje extraordinario y por eso hemos querido homenajearlo”, agrega Jatta.










