Roger Heli Díaz Guillén
Chiapa de Corzo, Chiapas
En días pasados, tuve el gusto de dialogar con el Mtro. Plutarco Emilio García Jiménez, en su papel de servidor público en sus oficinas del Registro Agrario Nacional (RAN-México). Dentro de los temas tratados de interés público, además de la problemática del Pueblo Lacandón en la comunidad Zona Lacandona, destaca lo referente al estado actual del campo mexicano; el cumplimiento del pacto social por la tierra que enarbolaron Zapata y Villa al principio del siglo pasado y la importancia a treinta y un años del fin del reparto agrario de definir el rumbo del agrarismo; y si es posible, hablar de un nuevo agrarismo en México; obsequiándome un libro por él escrito, que considero cobra importancia por el momento y papel de quien lo escribe, quien juega en la política agraria de México como director en jefe del RAN y aborda los temas referidos, titulándolo “Hacia un Nuevo Agrarismo”, cuya lectura me motivó escribir sobre este tema, buscando arribar si existe, a un nuevo agrarismo o se requiere construirlo.
Este tema obliga considerar tres momentos específicos del agrarismo mexicano: Reparto Agrario 1917-1992; Ordenamiento Territorial de la propiedad social 1992-2018; Nuevo Gobierno que plantea “El Agrarismo de la Cuarta Transformación” 2018-2023; reconociendo que la política agraria aplicada en los años 1917-1992, es la causante en su actuación de la destrucción de las selvas de México, mediante su sustitución por parcelas agrícolas y agropecuarias; repartiendo en ese período más de 103 millones de hectáreas, más de la mitad del territorio nacional; con un orden legal omiso de la importancia de la biodiversidad que llegó tardía en enero de 1988, cuatro años antes de concluir el reparto agrario.
A cinco años de este gobierno, en el libro citado se plantea que las instituciones agrarias deben “cuidar la propiedad social”; “revertir más de tres décadas de políticas neoliberales”; considerando urgente “elaborar y aplicar una estrategia de desarrollo sustentable e integral”, mediante “un proceso de reconstrucción de la economía rural”; reconociendo como necesario “diseñar e institucionalizar políticas públicas que aseguren el rescate del campo”, “unidad y organización mediante la planeación participativa”. Concluye que, “hoy es primordial la defensa del territorio, sus recursos y su cultura, el patrimonio arqueológico e histórico…”; abonando a esta compilación de objetivos del gobierno de la transformación, que un buen principio en la defensa es atender reformas a la ley agraria; actualización y reestructuración de los instrumentos normativos de ejidos, comunidades que consideren lo patrimonial territorial y; programas de manejo de áreas naturales protegidas.
El agrarismo mexicano, después del reparto agrario y su ordenamiento, es un tiempo y realidad rural que la política agraria no determina, sino le da color y contenido; que como momento de transformación anunciada, para ser un nuevo agrarismo se necesita transitar al desarrollo agrario con una ley que responda a lo antes expuesto y propuesto como ruta a la que me sumo y convoco respetuosamente.











Un comentario
Por principio, son la construcción de los cuadros revolucionarios capacitados y entrenados para llevar a cabo la transformación de la sociedad socialista, -la semilla pues-, La hora de la clase obrera está cerca, no tan solo en nuestro país, sino en todo el mundo.