Excélsior
Año con año, en temporada de lluvias, de julio a septiembre, mujeres y hombres del campo se dan a la tarea de recolectar los hongos que la tierra pródiga de los bosques templados de Oaxaca les conceden de manera natural.
Las variedades de hongos silvestres comestibles son más de 200, entre ellos, los más conocidos son amanita u hongo rojo, hongo de pan, hongo de burro, hongo trompeta, beshadé y el conocido como falda de señorita.
En la cocina se preparan frescos en mole amarillo, coloradito, tamales, hongos empapelados, salsa de hongos, empanizados y al mojo de ajo, sólo por mencionar algunos platillos, aunque también se deshidratan para degustarlos en cualquier fecha del año.
Isauro Cano Pérez, agente municipal de San Antonio Cuajimoloyas, resaltó la experiencia de esta comunidad asentada en la Sierra Norte a tres mil 200 metros sobre el nivel del mar, por promover el micoturismo desde hace dos décadas.
A partir del conocimiento heredado del mundo de los hongos, la comunidad decidió compartir su experiencia y enseñar a los visitantes la variedad de hongos comestibles, tóxicos y medicinales”, señaló.
Al paso del tiempo, de manera orgánica, invitaron a expertos para la exhibición micológica con los nombres científicos y comunes de los hongos, sus propiedades nutricionales, medicinales y características tóxicas. Una forma de turismo alternativo basado en la experiencia de conocer y descubrir el fascinante mundo de los microorganismos de la tierra.
Por segundo año consecutivo, debido a la pandemia de covid-19, San Antonio Cuajimoloyas, suspendió la feria regional de hongos silvestres, que anualmente se realizaba en la segunda quincena de julio, cuyo atractivo radica en el recorrido micoturístico que concluía con la preparación del producto, y la posterior degustación.










