Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Idéntico ADN y somos diferentes
Nada es igual, ni siquiera el regreso
al lugar de origen,
compartimos el ADN y somos
diferentes, con miradas diferentes,
con rostros diferentes.
Las vivencias han quedado
petrificadas en los huecos de las ventanas,
como los pájaros hacen sus nidos
en cualquier huevo que encuentran,
aunque sea en la recámara del abuelo.
Huele a historia, a llantos y alegrías,
a juego con canicas, trompo y yoyo,
recorrer distancias con la lluvia,
sin importar que la ropa se humedezca
el ruido del aro se dispersa,
y fui feliz yendo a la escuela.
Océanos
Había de ser salada el agua de los mares
y en tus ojos hay océanos vírgenes
con islas soleadas, paradisiacas
con agua salada de tu llanto.
Quien sabe buscar en tu corazón
encontrará arroyuelos, agua cristalina
dulce como tus labios, turbulenta
como tu vida, en reinos humanos.
Inframundo
Bajar al inframundo
para vivir, nuevamente el mito
arrebatarte para la vida,
un nuevo amanecer,
para hacerlo debo dormir
tal vez eso sea morir.
Vida
Más allá del recuerdo,
la vida no existe, es denso
el silencio, el vacío pesa.
Trozos del alma
La existencia llena de colores
es un milagro, pero es frágil
y el tiempo es su elemento.
No es la delicadeza de tu encanto
lo que gustan las gaviotas,
son trozos de alma
que abandona el cuerpo
cuando de volar se trata.
Sensual
Con veintidós años,
sonriente al viento,
pelo enmarañado, caminar de reina,
cuerpo sensual, deseo eterno,
conjunción perfecta
mortal para el romero.
Enrique Flores Amastal










