Enrique Flores Amastal Ciudad de México
SALMOS
I
La calle vive con tus pasos
con el timbre de tu taconeo
la casa se vive, en colonia,
barrio, nada.
II
Tus ojos verdes, lluvia del verdor
que crece en tus pupilas
y la quietud de tus labios
fresas prohibidas al asecho.
III
El hombre que te mira
sueña con nubes,
se alimenta de mariposas
con sabor a sandia.
Te desperezas y las penas
huyen temerosas
del color naranja de tus ojos.
No es que sea normal,
el color es de acuerdo
al cristal del pupilente.
IV
En el mar, los peces
cansados de amarte
duermen con la marea,
sueñan con ser de colores
para adornar tu linda
cabellera.
V
Desnuda, flotas con el viento
como el viejo velamen
del barco a la deriva.
En cantaritos de barro
llevaré la lluvia de tus ojos,
para Aumentar las aguas
del mar.
VI
Cuando el cuerpo está triste,
el alma dialoga con el creador
el hombre se busca en su interior
similar al viento,
mece las hojas,
busca su equilibrio
y también su bienestar.
VII
¿Cómo duelen las despedidas?
El verbo amar es cotidiano,
imagen, sentimiento,
es lluvia en el alma… en silencio.
Enrique Flores Amastal










