Enrique Flores Amastal. Ciudad de México
Bellezas de antaño
De las bellezas de antaño
he sido eterno pretendiente,
amar la naturaleza, desearla,
es una bendición eterna.
He visto bellos atardeceres,
multicolores,
formando el horizonte;
mis oídos han disfrutado
bellas sinfonías, que
alimentan el espíritu
y nos acercan al infinito.
Amar en silencio, sin aspavientos,
son caminos de la creación.
Oteo el horizonte, oigo el canto
de los pájaros que no
saben por qué cantan,
pero con su música alaban a Dios.
¿Cómo no adorar al creador de tanta belleza?
¿Acaso tener una rosa es entenderla?
Pero su aroma
penetra mis pulmones
y me ayuda a recordar tu presencia.
Tu piel
El aroma de tu piel
envuelve los sentidos,
los despereza,
aromatiza la vida
y el deseo de vivir.
Déjame envolverme
en tu rubia cabellera
porque así te veo niña.
Volvamos al principio,
aquellos años niños
donde endulzabas tus labios
y caminabas tus sueños.
Dame, de aquel tiempo,
los andares seductores,
los placeres furtivos.
¡Nuestras almas son jóvenes!
No debemos abstraernos
de la creación:
SOÑEMOS.
Enrique Flores Amastal










