Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Envejecí
¡Hoy la espera, me desespera!
Siempre he esperado en silencio,
la gente pasa, pero no vas tú…
No sé qué espero, pero… espero.
Los años pasaron, envejecí,
pero los sueños no me abandonaron,
y un día apareciste, radiante,
esbelta, bella, joven y sonriente,
el tiempo me agota, el tiempo no
perdona, lo sé.
Mis ojos han visto mucho,
pero ese mucho es nada,
ante lo infinito del universo;
eres ancestral, divina.
No me digas adiós
No me digas adiós lentamente
si acaso me amas todavía,
toma tus nostalgias, tus alegrías,
tomemos un vaso de buen vino,
mirémonos a los ojos,
enmarca tu mirada y así
parte sonriendo…
pensaré que volverás mañana.
Sin embargo, tus pasos,
te marcan otra dirección.
Cuando nacemos
nunca pensamos
que hemos iniciado
nuestro deceso,
solo es cuestión de tiempo.
Condena
¿Dónde ir cuando tus
labios
me han olvidado?
Cuando tu corazón duda,
y tus ojos vuelven a otro
horizonte por descubrir.
La soledad es una condena
y por supuesto el olvido.
¡De qué sirve la distancia
si el pensamiento lo anula!
Estoy frente a ti, humillado
deseando tu mirada.
Enrique Flores Amastal










