Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Presentando un bello poema de Julio Aurrecoechea:
Amor filial
Que difícil ha sido dejarte
aún guardándome en la penumbra,
persiguiendo las innumerables voces
de un cielo sin testigos,
y no es que no te quisiera
ni que tus ojos de niña aleve
no me encendieran el llanto.
Me contaste que nací con la lluvia
en un día sin sombra
frio y de viento.
No me llega a la memoria
ni el frio ni la sombra,
sólo el susurro del aire buscando mi palabra.
Ser de agua, al fin,
quizá no me resignaba al cambio
y sentía en aquella tibia oscuridad
que tu ser era todo el horizonte,
pero vino la niebla con sus brumas,
sus islotes imprevisibles,
y el arco tenso del incendio cotidiano
que descubría: caras, formas, puentes.
Era la revelación,
el salto quebrado a la tierra en eflorescencia,
la tarde cansada de su luz
y mi espejo reverberando
con su puntual interrogante.
¿De dónde venía y cuál era mi sustancia?
Y era en el ver correr de las nubes
como ya advertía tu constante ausencia
que se quedaba en casa
como uno odre insaciable
pidiendo ser llenado
con lágrimas ajenas,
porque las tuyas no bastaban para traer
a tus antepasados
con sus gemidos insepultos
y la bondad incierta de un amor que te poseía,
con los juegos, las risas, las playas de antaño,
el trote corto de corcel yendo a la mar,
galopar que nunca cesaba.
¡Ah! la noche de mi niñez
que no quería oír ni ver,
las resquebrajaduras del cielo,
sus hondas aberturas,
sus claros sulfurosos
iluminando la noche palaciega,
el breñal donde la vaca paría,
con su mugido celebrante en la espesura,
el respiro de la tierra.
Julio Aurrecoechea: poeta, Amor Filial, tomado del libro: La Tercera Sangre (2008).











Un comentario
Este poema corresponde a un artista en el que el torrente de las palabras de repente estalla con precisión para mostrarnos una realidad más auténtica, en las que se atisban verdades esenciales. Cumple así con el mandato del poeta verdadero.