Papel, tinta y verso…

Enrique Flores Amastal Ciudad de México

Vive en la conciencia del tiempo

“Un recuerdo a los caídos aquella
tarde-noche del 2 de octubre de 1968”

Ella vive en la conciencia del tiempo
con aquella atemporalidad que mata
donde todo es posible
donde una constante son los sueños
y lo cotidiano es el infinito.
En ese nirvana, el pensamiento es,
mundo de imágenes
y no hay diferencia
con aquello que deseamos.
Debo encontrar en lo más profundo del ser
aquella ternura de la primera vez
ante la aventura de tu desnudez, de tu sexo.
Esa tarde, languidecía, como cualquier otra
con sus pistas falsas de felicidad
o la evasión en una tarde de bar.
Pero ella vivía en la conciencia del tiempo
con aquella eternidad en todas sus dimensiones
no era posible tenerla en un sueño
y menos en un deseo.

Enrique Flores Amastal

El amigo Henry
A veces pienso en Miller,
lo llamo Henry y me acompaña
en las estaciones luminales.
No sé de dónde saldrá esa palabra,
ni quiero ir a los diccionarios
presiento que tiene que ver
con la luna llena.
De cualquier manera,
el buen viejo habrá corrido por aquellos páramos
y lo imagino en medio de la rambla,
sin más atuendo que su propia piel.
Haber sentido el aire y sus olas calientes, también,
la inmediata muchedumbre que pasaría su lado
sin ver su desnudez.
Y yo me digo, cada mañana,
cuando escucho el tableteo del reloj checador
y veo a los hombres y a su sitial,
que todo ropaje desdeña
el tiempo de la piel y su encarnación legitima.

Julio Aurrecoechea
Poeta, poema tomado de su
libro La tercera Sangre.

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