Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Una vida rutinaria
Hoy inicio en soledad, una vida rutinaria
aquella que oculta la belleza
de los campos, el perfume de las flores
la creatividad de la vida.
Hoy al buscar en el cajón de fotografías
encontré tu foto amarillenta por el tiempo,
y veo tu imagen en la televisión
y sigues bella a pesar de los ayeres.
¿Cómo no amarte?
sí existes en los tiempos,
en las alas de la melancolía
vuelvo hasta aquellos años en que tú
también buscabas tus sueños.
En el encuentro, la verdad
te enaltece y te agiganta,
a los amigos comunes
confesaste que fui un pretendiente.
Domesticar el recuerdo
es traer al pensamiento, lo más sereno,
lo bello y maravilloso del momento recordado.
¿Será acaso, que en el sueño
el poema se presenta verso a verso?
Y es el viento quien trae la rima y los silencios.
Salir a los campos, vivir el aire limpio
cuando los bosques cambian de ropaje,
las flores silvestres cantan y miran al sol,
suspiran con el nuevo día,
sus ecos y alabanzas se elevan al creador.
¿Cómo no amarte?
Si veo tu imagen en la televisión
Y sigues bella a pesar de los ayeres.
Maldita incertidumbre
La certeza de la pasión,
es una conquista narcisista,
poseerlo todo hasta la asfixia,
luego nuevamente la incertidumbre,
la búsqueda de nuevas aventuras.
Pero esa sed insaciable no se agota,
nos conduce por caminos espinosos,
destruye la alegría.
No hay frescura, en las acciones
y menos en una sonrisa
es fúnebre el beso después de la conquista.
Maldita incertidumbre
¿por qué destruyo todo lo que anhelo?
Y sólo bebo la hiel de la vida.
Enrique Flores Amastal










