Enrique Flores Amastal Ciudad de México
DESALIENTO
Nada de lo dicho te enloquece,
¡será que los versos no anidan
en tu pelo, no forman tu cuerpo!
Sin embargo, eres mi fantasía.
Si acaso mis manos te dieran
mis sueños en tus tardes veraniegas,
cuando el viento juega tus cabellos
y toco tu piel suave como la espuma.
En el rítmico juego de los cuerpos
el silencio vive y somos como
los colibríes en el tiempo.
En aquellos amaneceres
vuelen con la lluvia,
lleven el alma, el corazón
y todo el ser al encuentro
con la verdad, aquella única
inefable por lo que estamos
en tierra. Aquí madre tierra,
padre universo,
en soledad se comulga.
MI CIUDAD
Noche infernal, ciudad enferma,
autos, motocicletas, escapes abiertos
sonido de sirenas, a las dos, tres de la mañana.
¿Cuál descanso? Ciudad noctámbula,
trabajadores cansados,
ojos perdidos en la desesperanza,
suciedad, hacinamiento,
Islas flotando en un mar de cemento.
Aire envenenado, circulación
restringida, semáforos fundidos,
niños que ya nacieron en la calle
y su horizonte son las banquetas.
La casa con plásticos viejos,
la mona que va a quitar el hambre.
Bella Ciudad de México,
de los años pasados,
con tranvías, cotorras y cocodrilos,
te debo tanto mi ciudad,
porque arropaste sueños,
angustias, pero me eduqué
en tus universidades.
Enrique Flores Amastal










