Enrique Flores Amastal Ciudad de México
OJOS AZULES
Con afecto para todas aquellas
mujeres que con una sonrisa
me allanaron el camino.
En la inconsciencia
el mar parece una gota azul
infinitamente comprensible.
Si miro la periferia de tus ojos,
miro el mar y sus olas,
pero con atención, son azules,
miro tus pupilas que se abren
y veo aquella profundidad
infinita como el universo.
Comprendo que son la puerta del todo,
inasible como el alma,
más profundo que el mar.
Flota un viento invisible como el amor
como los momentos antes de morir
y sigo absorto contemplándote
y me siento pequeño ante ti.
Tú, dadora de vida
y puedes también quitarla,
espuma blanca,
mortaja de los sueños;
viento que juega en mis cabellos
y me sumerjo con aquella
languidez del abandono
y sigo mirando tus pupilas
y vuelo al infinito,
infinito azul,
de tus ojos azules,
azules infinitos.
MADRE
Recientemente visité a mi madre,
sufre, como todos los adultos mayores,
de olvidos; a sus años, cercano a los cien.
Sus pensamientos están con ella; vive
su mundo. Ve su exterior con otros ojos,
piensa en su inmediatez.
Parece ser que se despide sigilosamente,
ve a sus hijos y pregunta: ¿Quién eres?
Cuando le informan la identidad,
su memoria recupera su frescura,
sonríe, te toma la mano y su vista
se posa en ti, con esa sed de atraparlo todo.
Enrique Flores Amastal










