Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Compartiendo poemas de María Elena Solórzano:
Había una alondra
Para Susana Chávez, activista y poeta asesinada en Cd. Juaréz, Chihuahua, México, en 2011.
Una alondra trinaba todas las mañanas
cuando el sol se pulveriza en el jade de las frondas.
Había una alondra que picoteaba granos
en los balcones donde todavía cuelgan murmullos
y se miran ojos de mujeres soñadoras.
Había una alondra que gemía
en todos los puentes de esta ciudad
donde el odio derrama su copa de veneno.
Un aciago día le arrancaron una a una las plumas de sus alas,
hundieron estiletes en su cuerpo,
rebanaron sus pezones y en lugar de leche
los vampiros succionaron dulce sangre.
Ya no juega con palabras ni atrapa el cobre del ocaso
ya no escucha el eco del mar en albos caracoles
ni bebe el vino de la diosa. Su lengua es ceniza.
El fuego de sus ojos se extinguió en negras oquedades.
Allí quedó en medio del camino con el cuerpo mutilado.
En su vulva, antes rosada caracola, se pudre el semen del verdugo.
Ya no clamará sobre las cruces de cal de sus hermanas:
¡Ni una muerta más!
Nigromántico romero
Para César Vallejo
Tu palabra en mágica dehiscencia,
rueda por senderos infinitos,
semilla que germina en páramos inhóspitos,
chisporrotea en la lámpara votiva de los templos,
alumbra lobregueces.
Resplandor atrás de la montaña.
Cabalga en los renglones del mar.
Riela en espejos de obsidiana.
Su rumor anida en rosadas caracolas.
Nigromántico romero que todo lo transforma.
La poesía fue tu amante en las noches sin luna
y llenó de incandescencia tu alma de hombre niño,
tus pupilas de genciana y hierbabuena.
Tu palabra es el vino de la tierra:
imanta los labios de los viejos,
seduce a las doncellas con desnudez de luna.
Los bardos la buscan entre las violetas
cuando la tormenta destruye los ensueños.
María Elena Solórzano: poeta, integrante de La Pluma del Ganso.










