Enrique Flores Amastal Ciudad de México

NO, NO
No, no podía permitir
que tus ojos miraran otros ojos
que no fueran los míos;
la angustia de no ser
quien viviera en tus pupilas
invadía cotidianamente mis entrañas.
¿Dónde tomar la palabra
que me ilustre tu ausencia?
Si todas huyeron a esconderse juguetonas.
En el vacío de las pupilas
habitas etérea, sibilina
al igual que el sueño.
Me pregunto: de qué sirve la noche
si no estoy para soñarte.

A TÍ
Quizá tengas razón.
Esa razón de la sin razón existe,
colma mi piel y el espacio que habito,
los lugares que frecuento.
Yo no sé escribir como Baudelaire:
“Cuando muerdo tu cabellera
parece que como recuerdos”
O como Sabines:
“Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos”
Yo solo sé decir:
¡Estoy solo y te recuerdo!
Te recuerdo con el ansia
del conjunto de piel roja
que toca tu piel y no la habita.
¡Es lo mismo que nada!
Son lugares comunes como un nombre
porque nada dicen los nombres:
son etiquetas.
Pero escribir en la piel,
en tu piel donde se inicia la vida,
es un reto, una eternidad.
Yo no sé si tu piel
me diga tu nombre,
tu historia; tu piel posee el tiempo,
tu piel posee la historia.

Enrique Flores Amastal

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *