Por la vida, integremos los órdenes Natural, Social y Legal

Roger Heli Diaz Guillén
Chiapa de Corzo, Chiapas
La humanidad es parte inherente de la naturaleza, de donde, en un recorrido antropológico social, se destaca que aprendimos de la experiencia que emanó de la sobrevivencia y subsistencia en territorios biodiversos, de donde conocimos, identificamos, conceptualizamos y explicamos la biodiversidad, ecosistemas y demás seres vivos que comparten nuestra existencia territorial, espacial y temporal que se tradujeron en saberes; identificando espacios de vida en familia, luego en tribus, comunidades y pueblos; construyendo chozas que se transformaron en casas y obras arquitectónicas; perfeccionamos nuestras expresiones culturales y construimos identidades, familias y razas; para luego, en el crecimiento poblacional natural de todo conglomerado social, identificamos y atendimos el problema y necesidad de armonizar el orden social para la convivencia armónica con el orden natural y cultural.
En la vinculación de estos órdenes, se establecieron normas de convivencia que identificamos como usos y costumbres jurídicas y/o derecho consuetudinario, priorizándose la conducta humana y social, trabajo, derechos, obligaciones, valores, civismo, economía, educación y órganos de organización y representación, que sostuvieron mediante tradición oral y ejercicio social consuetudinario que se tradujo en Normas Ágrafas; para luego trascender a las Normas Escritas; dejando de observar regularmente en el orden social actual que se omite la vinculación de los componentes del territorio como la identidad, biodiversidad, biocultura, patrimonio cultural, diversidad social, recursos naturales y educación, hoy importante en la Nueva Escuela Mexicana.
El desarrollo y bienestar se centró en la historia de la humanidad, en la explotación irracional, comercial y destrucción de los bosque y selvas de México en casi un 75% de la masa forestal y arbórea del territorio nacional, que no es excepción en el mundo; derivando un proceso de fenómenos que hoy conocemos como daño al medio ambiente, cambio climático y calentamiento global, que preocupó y motivó el interés de organismos internacionales en el siglo XX , siendo histórica la Cumbre de Janeiro en 1992, que definió directrices para los gobiernos del mundo en materia de políticas públicas para la protección y salvaguarda del medio ambiente y biodiversidad.
Al paso de 30 años después de cinco gobiernos, resulta necesario evaluar la importancia de la integralidad de las políticas públicas que fortalezcan el orden social comunitario y el desarrollo humano, para el desarrollo integral sostenible y sustentable al que aspiramos en Chiapas y México; que debe iniciar con la información, capacitación y educación basada metodológicamente en la reflexión, conciencia y razón, a partir de la “problematización de la vida cotidiana” que propone Gastón Bachelar.
Hoy son tiempos para reencontrarnos por la vida con la naturaleza. Busquemos la convergencia de intereses con ella. La vida será armónica y sostenible si la fortalecemos con el derecho, la cultura y la educación incorporadas al orden social, normativo y territorial de los pueblos de México.
¡Trabajemos en el orden legislativo y en la intervención social a partir de la atención, fortalecimiento y desarrollo del capital Humano!

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