El pasado jueves 21 de octubre, Lydia Cacho usó su cuenta de twitter para dar a conocer una resolución judicial: la confirmación de la sentencia a 93 años de prisión, del empresario libanés Jean Succar Kuri, emitida por el magistrado Oscar Rodríguez Álvarez.
La publicación sorprendió por el hecho de que ella se encuentra autoexiliada en España (bajo el argumento de que su vida peligra en México), mientras que la sentencia forma parte de un juicio entablado en octubre del año 2003 por la hoy cantante Edith Encalada y otras seis víctimas del sentenciado, juicio donde Lydia Cacho no tiene ninguna participación, ni como denunciante ni como víctima.
Es del dominio público que Succar Kuri abusó de menores de edad, delito que lo mantiene preso en la cárcel de Cancún, Quintana Roo. Hechos que se volvieron públicos cuando la autora del libro ‘Los demonios del Edén’, dio a conocer en sus páginas la tragedia personal de los entonces menores de edad, sin el consentimiento de estos.
El impacto mediático de lo publicado, eclipsó otra condición de fondo: la autora usó información de expedientes confidenciales, revictimizando a los menores. Ella tuvo acceso a dichos expedientes cuando fungió como directora del Centro Integral de Atención a las Mujeres CIAM Cancún, A.C., un Organismo No Gubernamental (ONG) creado específicamente para proteger a víctimas de abuso y lo que hizo fue tomar sus historias personales para publicar un libro que le ha rendido abundantes frutos económicos por más de quince años.
Para darnos una idea del lucro obtenido con la tragedia de las víctimas, basta saber que en agosto de 2017 en la librería Dante de Mérida Yucatán, en conferencia de prensa Lydia Cacho declaró haber vendido ya casi un millón de ejemplares de ese libro (actualmente, el libro se ofrece entre $229 en Mercado Libre, hasta $309 en Gandhi, Sanborns o Bodega Aurrerá).
Además, en todos estos años, Lydia Cacho ha vendido conferencias en muchos países, cobrando por contar historias que deberían haber sido protegidas, pero que han sido un jugoso negocio por el alto impacto que produce el conocer estas dolorosas vivencias, sin importar el daño ocasionado una y otra vez a quienes las vivieron.
Otro hecho que muestra lo mucho que la escritora ha explotado estas tragedias, es que ha vuelto a abordarlas en libros posteriores, como Memorias de una infamia y Con mi hija no, donde expone además el rostro descubierto y los expedientes sicológicos de Edith Encalada, además de la intención de producir una película que lleve a la pantalla grande estos acontecimientos, lo que produciría sin duda una incontable cantidad de ganancias.
En suma: llama la atención que la señora Cacho haya puesto los reflectores -usando su alto nivel mediático- en este caso, con lo que puede activar nuevamente la venta de sus libros y conferencias, para seguir lucrando con la tragedia personal de las víctimas, hecho que demuestra absolutamente que no existe nada de ético, ni de humano, en quien se ha hecho nombre y fama como activista en pro de los Derechos Humanos, mismos que violenta de manera permanente y continua desde que conoció este caso, prácticamente a inicios del presente siglo.










