Muy interesante / Rodrigo Ayala
Arrojar objetos a un pozo con el propósito de pedir todo tipo de deseos es una práctica ritual que se remonta a miles de años. Ejemplo de ello es el hallazgo de un pozo de los deseos en la localidad de Germering, estado de Baviera, Alemania.
Según reportes de la Oficina Estatal de Protección de Monumentos de Baviera, el pozo fabricado con madera tenía cinco metros de profundidad y en su interior se encontraron más de 100 objetos que se usaban con fines rituales.
“Es extremadamente raro que un pozo sobreviva tan bien más de 3,000 años. Sus paredes de madera se han conservado por completo en la parte inferior y todavía están parcialmente húmedas por las aguas subterráneas”, indicó el Dr. Jochen Haberstroh, arqueólogo responsable de la Oficina Estatal de Conservación de Monumentos de Baviera.
En lugar de monedas, la gente de aquellos años arrojaba objetos como joyas y cerámicas en el agua, con el fin de pedir por el cumplimiento de ciertos deseos.
Lo que había en el fondo del pozo de los deseos
Los arqueólogos encontraron exactamente 70 vasijas de arcilla, 26 broches de bronce, una pulsera, dos espirales de metal y cuatro cuentas de ámbar. Además también había un diente de animal, una paleta de madera, un recipiente de corteza, posibles trenzas de hierba y numerosos restos botánicos.
Contrario a lo que se pudiera pensar, estos objetos se cree que eran costosos. Según el estado en el que se encontraron, los expertos creen que no fueron arrojados sino puestos en el pozo de los deseos de manera cuidadosa para evitar su deterioro.










