Roberto López Moreno: Homenaje en el IPN

Marco Antonio Orozco Zuarth
Ciudad de México
Roberto nació en un lugar del Soconusco en la Costa Chiapaneca, en Huixtla, que en náhualt significa “Lugar donde abundan las espinas”.

Al nacer seguramente sintió la caricia de la brisa del mar y el calor del sol, que lo hicieron ver la majestuosa y legendaria piedra.
Con disciplina y ardua labor, hizo a un lado las espinas y convirtió la brisa en huracán para erigirse como un grande de las letras, como la enorme piedra que vigila a su pueblo y a sus hijos.
La piedra más grande es su obra, que lo ha convertido en uno de los poetas más destacados de Latinoamérica.
Poeta, ensayista, narrador, musicólogo, periodista y compositor, oficios que ha cultivado con tesón para legarnos nuevos senderos literarios.
Innovador y vanguardista, ha aportado a la literatura varias corrientes vanguardistas como el poemuralismo, movimiento laconista, la implementación de formas métricas denominadas Treceadas y los alburemas. En cada momento nos enseña que la palabra no tiene límites, que pueden inventarse nuevas formas de pensar y expresar; que la poesía nace de la experimentación y la imaginación, que dan nuevos cauces al torrente y abren paso al meteoro de las formas.
Obra monumental que no ha sido suficientemente estudiada, valorada y difundida. Por ello es de reconocer que el Instituto Politécnico Nacional (IPN), le rinda este merecido homenaje en la Trigésima Novena Feria Internacional del Libro.
En lo personal, me honra haber conocido al maestro desde hace más de 30 años y haber podido contribuir al reconocimiento de su vida y obra.
En el año 2001, siendo presidente de la Asociación de Cronistas del Estado de Chiapas, junto con el maestro César Pineda del Valle, hicimos la propuesta para que Roberto López Moreno fuese acreedor del Premio Chiapas. En ese año se formó un jurado ciudadano, sin influyentismo, y determinaron que el merecedor del máximo reconocimiento que otorga el Gobierno del Estado de Chiapas fuese nuestro personaje propuesto.
Más tarde, siendo Director de Publicaciones de CONECULTA, tuve el honor de editar la obra Versitlán, que estaba inédita en México, aun cuando había sido galardonada con el Premio del Concurso de Poesía Infantil La Edad de Oro —considerado el más antiguo certamen de literatura infantil en Cuba.
En coedición con la editorial El ala de la Iguana, publicamos una serie denominada La diáspora chiapaneca, conformada por obras de escritores chiapanecos radicados en la Ciudad de México, como Amado Blanco Pedrero, Virgilio Arias, Amir Gómez León, Nyrma Lara y Roberto López Moreno, bajo la coordinación de la editora Flor Mendoza. En esta serie se publicó la obra de Roberto titulada La marimba, entre el invento y el origen, en dónde nos invita a privilegiar el estudio de nuestros marimbistas y dejar atrás la búsqueda infructuosa del origen.
Luego, la antología titulada Meteoro que reúne una buena parte de su trabajo poético vanguardista; en donde a juicio de Adolfo Castañón “La guerra de Roberto López Moreno se da en el lenguaje y con el lenguaje. Es una guerra diurna y solar, una guerra florida”.
“No es un escritor que pertenezca a un grupo afín o a una generación más o menos estructurada, como pueden ser los modernistas, los contemporáneos, los ‘espigos’ o los poeticistas, sino una voz solitaria, personal, irremplazable”, describe Enrique González Rojo.
Y Daniel Téllez sostiene que “Roberto López Moreno es un poeta necesario para nuestra poesía: imprescindible linaje natural”.
Ahora, a sus 80 años, estamos aquí festivos, sus hermanos de letras, lectores y paisanos, para celebrar al huracán y a la piedra, deseándole que conserve esa fortaleza para que nos acompañe muchos años más.
¡Muchas felicidades, Roberto!

  • Texto leído en el Homenaje Internacional de Roberto López Moreno, el día 9 de octubre de 2022; en el marco de la Feria Internacional del Libro del IPN.

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