Breve temporada en el Teatro Helénico…
Milenio / Alejandro Membrillo Garrido Ciudad de México
A través de un monólogo de una hora y cuarto, el actor Rodrigo Murray busca acercar la figura de Leonardo Da Vinci al público, de una forma mucho menos académica y mucho más humanista. En Leonardo, Murray recurre al metateatro para contar la historia de un actor en la búsqueda de entender al icónico genio italiano a través de un monólogo; una propuesta escénica innovadora que se apoya de distintos elementos de producción y de un poderoso equipo creativo.
Será el próximo 24 de junio cuando el Teatro Helénico del Centro Cultural Helénico le abra las puertas a Leonardo para una corta temporada, en la que el público podrá disfrutar de una nueva experiencia escénica que se propone romper la etiqueta de “genio” o “maestro” que ha acompañado a Leonardo Da Vinci a lo largo de los años, para explorar su vida, historia y humanidad a través de lo que lo hace similar a todos nosotros, especialmente a las sociedades del siglo XXI.
“Hay que sentar a Leonardo en nuestra mesa -explica Rodrigo Murray en entrevista con MILENIO-. Era un hombre que tenía brazos y piernas, como la gran mayoría de nosotros, que iba al baño todos los días, era un hombre que amaba, reía y lloraba como tú y como yo. Entonces, lo más complejo fue desmitificar la imagen de Leonardo Da Vinci, aterrizarlo al plano de lo humano y de lo mortal. Dejar de pensar que fue un ser divino”.
Y agregó: “Creo que traer a Leonardo Da Vinci al siglo XXI es más fácil, incluso que a algunos otros, porque Leonardo ya era un hombre de esta época. Creo que hubiera estado muy contento con este monólogo y seguramente hubiera inventado más cosas útiles para la humanidad, seguiría en la investigación”.
La inspiración
Rodrigo Murray encuentra en Leonardo Da Vinci muchas similitudes consigo mismo. La atracción por las artes, la curiosidad por la investigación, por el cine, por la dramaturgia y también por otros aspectos de su humanidad. Sin embargo, el actor, que también funge como director de la puesta en escena, compartió que el nacimiento de esta historia -que comenzó a desarrollar hace más de 15 años- deriva de un estímulo distinto.
“Leonardo Da Vinci es, sin duda, una figura que para todos significa admiración, respeto, veneración, aplauso de pie, un genio, un artista ejemplar… Pero yo lo adquirí gracias a una herencia paterna. Mi padre era muy admirador de Leonardo, justamente por todo esto y sobre todo porque era un gran ser humano, un ser humano que veía por el resto y le interesaba el bienestar común”.
“Esa particularidad de Leonardo, más allá de su virtuosismo y genialidad para las artes, la investigación, también era un tipo que se preocupaba por el espíritu humano. Creo que eso es lo que más me atrae de Leonardo Da Vinci. Guardando nuestras propias dimensiones, a mí me gusta más identificarme con un ser humano, que con un genio, con un virtuoso inalcanzable”, añadió.










