Francisco Félix Durán / Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Imaginar que un día tu esposa se marcha sin despedirse a Estados Unidos, con el objetivo de ser parte de un taller de poesía internacional y perfeccionarse como escritora, aventurándose a nuevas amistades eróticas, dejando en México el lastre de su relación y cotidianidad, es algo que no existe en el imaginario machista mexicano.
Incluso en la película “Me estás matando, Susana”, del director Roberto Sneider y protagonizada por Gael García, esta historia se adapta con importantes variantes.
Las más relevantes son que Susana actúa en consecuencia a los actos de su esposo, ella es infiel porque él lo fue primero; ella se va, porque él prefería la fiesta; y ella no es la protagonista (Verónica Echegui).
Pero en donde Susana sí es una mujer libre y protagonista, es en la novela “Ciudades desiertas”, del fallecido escritor mexicano José Agustín, quien narra la historia mencionada y es en la que se basó el filme.
Ella, es perseguida por su esposo Eligio, quien a lo largo de la historia logra comprender que no es de su propiedad y que no será doblegada a ser como los estereotipos suponen: abnegada, sumisa y madre.
Aunque esta novela fue publicada en 1982, los problemas que se manifiestan persisten hasta nuestros días, tanto la crítica social que se realiza a Estados Unidos, como el hecho de que aún se pretende condenar a las mujeres a un hombre, por medio del matrimonio o a través de los hijos, sin dejarlas desarrollarse profesionalmente y vivir aventuras que sencillamente las hagan felices.
Es la primera vez que leo a José Agustín y no imagino lo que este texto representó hace 19 años; hablamos de que Susana emigró a otro país, habló su lengua y mantuvo relaciones sexuales con extranjeros.
Tal y como hizo la Malinche, al hispanizarse y seducir a Cortés, convirtiéndose en símbolo de traición. Afortunadamente, hoy en día este personaje histórico es una figura feminista, representa a una mujer que desea y decide como Susana: es una mujer libre.










