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Tiempo de Pandemia, Poemario de Marlene Villatoro

José Natarén
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Celebro la publicación del poemario Tiempo de pandemia de Marlene Villatoro, una de las mejores poetas de Chiapas en esta época, que no es confesión ni crónica, sino lo que debe de ser: un libro de poemas, un poemario. Sencillo -en el mejor sentido- y bello, en cuanto participa de las dimensiones del intelecto y de la sensibilidad que se concilian en la palabra metafórica, verosímil y necesaria de Marlene Villatoro, la palabra que se resiste al lugar común, a la anécdota de una desgracia planetaria, a la condescendencia del mero gimoteo. Claro que no se escribe poesía para salvarnos de la realidad. A lo más para salvarnos del silencio -más bien, para escucharlo mejor- para salvarnos de la inercia del habla estéril, de los discursos funcionales, del uso meramente comunicativo de la palabra.

En el libro se advierten dos ritmos, dos estados de ánimo, dos modos de conciencia, dos complejos afectivos. Como el día y la noche. En correspondencia, el poemario se divide en dos secciones: “Herida del planeta que desató al relámpago” y “Más allá del muro despiadado”, que integran 22 y 21 poemas respectivamente. La primera parte está definida por la vulnerabilidad, la tristeza, el desasosiego, la fragilidad de ánimo. La segunda, por la voluntad de resistencia, por el temple casi áspero, expresado mediante la concisión metafórica. Se impone la voz en primera persona, el sujeto lírico que por momentos expresa la comunión, la expresión del dolor y desasosiego colectivo. Leemos en Tiempo de Pandemia:
Rodea la realidad que nos aísla
desde mi pecho hasta mi boca que crece en su terca solidez
y nada mueve.
Por supuesto, como en todo buen libro de poesía, se reitera la voluntad de contrarrestar la interpretación naíf del ejercicio escritural, del oficio de nombrar el mundo como una ingenua muestra de buena voluntad para hacer de este mundo mejor, en el que todos nos llevemos como hermanos. No, la poesía no. A lo más, como un bálsamo, inventado, creado -más allá, más acá- de mitos y dioses, para resistir los embates del devenir y de la omnipotente naturaleza que a perennidad se consume y nos arrastra en la catástrofe hacia el vacío original de donde todo vino y hacia el que todo va, aquí, ahora y siempre. Antes, durante y después de la pandemia. El ritmo que precede al pensamiento y al vaivén de los días. El ritmo que precede y se sostiene en la enfermedad, en la guerra, en la hora oscura del alma. Villatoro dice:
Camino y hablo sola,
ensayo el acento correcto que impone la pandemia,
palabra tensa en el recodo de una pausa.

entonces me concentro en la cadencia del poema
entre imágenes buscando las palabras que gravitan en silencio.

En Tiempo de pandemia, no se habla del covid, pero sí se revelan los matices de la condición humana, la refiguración de la experiencia que de la pandemia tiene el sujeto. La palabra -más dura que la piedra- para decir el misterio y el azoro por la tensión entre lo fugaz y lo inconmensurable, entre lo inefable, lo terrible y la degradación en este “mal tiempo”. Y la esperanza, al fondo de la caja de la imaginación:
Así palidece el mundo
y justo así sigue indiferente la vida
en un sobrevivir viviendo.

Los pájaros despiertan…
en una imagen suspendida.

Villatoro, Marlene. Tiempo de pandemia, Ediciones del del lirio, México, 62 pp.

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