El Universal Online / Santiago Reyes
Hace más de 60 años, cuando Andrés Vázquez era un adolescente, los monos araña seguían existiendo en manadas que colgaban por los árboles de la selva que rodea a la comunidad de Nuevo Málzaga, en Oaxaca.
“Pero se murieron todos por el veneno que lanzó el gobierno con sus avionetas”, dice don Andrés, refiriéndose a las campañas aéreas que en la década de 1950 el gobierno mexicano implementó para erradicar al mosquito transmisor de la fiebre amarilla, utilizando insecticida DDT, hoy prohibido en México por sus efectos perjudiciales al medio ambiente.
Es, quizás por eso, por el recuerdo de aquellos monos que vio durante su juventud, que el señor Andrés no la pensó dos veces para ayudar a cargar, entre charcos de lodo, la transportadora de plástico en la que viene Milo, uno de los seis monos araña rescatados del tráfico ilegal de especies silvestres y que dentro de algunos meses podrán vivir totalmente libres en los bosques tropicales de Nuevo Málzaga, en 700 hectáreas destinadas a la conservación.
“Sentí bien bonito cuando supe que otra vez iba a haber monos aquí”, menciona don Andrés con su sombrero de paja puesto. Son Pipo, Quetzali, Milo, Simona, Tita y Manuela. Todos ellos fueron comprados… y utilizados como mascotas domésticas.
Luego, quizás por arrepentimiento, por algún comportamiento agresivo del mono, o porque los dueños se enteraron de que lo que estaban haciendo era ilegal, los ejemplares fueron entregados voluntariamente a las autoridades y transferidos al Centro Mexicano de Rehabilitación de Primates A.C.










