Una Ventana Literaria

Escritora AEPCH: Elsa de Solórzano

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Edgar Colmenares Sol [email protected]

Rosario Castellanos y su discurso sobre la abnegación

En 1971 Rosario Castellanos pronunció un célebre discurso que le valió el reconocimiento como destacada intelectual y la gran teórica del feminismo en México: La abnegación, una virtud loca. Sus palabras dieron claridad a un tema que se discutía poco y se desdeñaba mucho: la condición femenina.“En México, cuando pronunciamos la palabra mujer, nos referimos a una criatura dependiente de una autoridad varonil: padre, hermano, cónyuge, sacerdote. Sumisa hasta la elección del estado civil o de la carrera que va a estudiar, o del trabajo al que se va a dedicar; adiestrada para comprender y tolerar los abusos de los más fuertes, pero también para restablecer el equilibrio interior tratando con mano fuerte a quienes se encuentran bajo su autoridad”. A partir de este análisis, sostiene que la abnegación, es decir, la negación de sí misma, será la mayor virtud con la que se adorne a la mujer mexicana. Una abnegación sin medida que se extiende al marido, hijos y a todos aquellos con los que se sienta obligada a demostrar su amor. Sostiene que la Ley existe para procurar la equidad garantizando la libertad a la educación, al trabajo, a los derechos políticos, pero que son las propias mujeres las que eligen no asumir la categoría de persona, y que esta actitud se debe en parte a una cómoda aceptación del papel social que la costumbre le asigna. Termina diciendo que cada día despierta una mujer que gana una batalla para la adquisición y conservación de su personalidad con carácter, temple moral, astucia y constancia. Rosario señala el camino: “nos proponemos construir un feminismo auténtico, pero sobre todo, eficaz, tenemos que partir de otros postulados, el primero de los cuales es la investigación acuciosa, el conocimiento más exacto que pueda alcanzarse del complejo de cualidades y defectos, de carencias y atributos, de aspiraciones y limitaciones que definen a la mujer”. Afirma también que la esencia de lo femenino es una construcción cultural, y que lo que en realidad existe es una encarnación concreta de la feminidad, que se expresa en la diversidad de mujeres mexicanas contemporáneas: indígenas, campesinas, profesionistas, trabajadoras. En cada historia identifica un rasgo de feminidad que debe ser valorado, superando la idea de que la abnegación es la mejor expresión de su condición de género. Después de este discurso, fue designada embajadora de México en Israel, cargo que desempeñó brillantemente hasta que falleció en 1974. Rosario nos mostró el camino: hoy podemos definirnos a partir de nosotras mismas, de nuestra historia personal, no de una etiqueta impuesta desde fuera. Hemos marcado distancia de los cánones patriarcales ya sean políticos, religiosos o sociales. Fue una mujer excepcional, que con su vida nos enseñó la forma de superar las ataduras reales o construidas mentalmente, pues ella misma pudo dejar atrás sus opresiones y volar en libertad.

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