Escritora AEPCH: Elsa D Solórzano

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Edgar Colmenares Sol. [email protected]

Las otras cartas de Rosario. Elsa D. Solórzano. Rosario Castellanos fue una escritora prolífica: poesía, cuento, ensayo, artículos periodísticos y teatro, es lo que más se conoce de su obra. Sin embargo, también cultivó el género epistolar. Sus cartas fueron publicadas hasta después de su muerte, recopiladas en algunos libros, como un testimonio más de su extraordinaria pluma.
Cartas encontradas, reúne la correspondencia entre Raúl Ortiz y la autora chiapaneca. Las cartas inician en 1966, cuando ella llega como profesora invitada a la universidad de Wisconsin, gracias a que su amiga María del Carmen Millán le cedió esa oportunidad, pues Castellanos se había quedado sin su trabajo en la UNAM; y continúan cuando se va como embajadora a Israel. Es impactante el inicio de la primera carta, fechada el 22 de septiembre de 1966: Mi querido maestro: ¿Qué le puede decir la subscrita? ¿Qué estoy prendida de las lámparas? No es rigurosamente cierto, porque las lámparas que están a mi alcance son de mesa y el gesto no resulta muy estrepitoso. (Ortiz y Ortiz, 2023, p.77) Esa frase, una expresión que era común en Rosario Castellanos para explicar su desesperación o cuando alguna situación le provocaba angustia, resultó fatídicamente premonitoria de la manera en la que ocurrió su muerte: recibió una descarga eléctrica mortal al tocar una lámpara.
En las cartas desde Tel Aviv, podemos leer a una Rosario entusiasta, activa, hasta feliz a veces. El nivel intelectual en el intercambio de misivas, revela a dos mentes brillantes que, sin embargo, no pierden el sentido del humor haciendo bromas y, en el caso de Rosario, la fina ironía que la caracterizaba y es reconocida por su amigo Raúl. Ella se sacó una espinita al incluir en Álbum de familia un capítulo de su novela Rito de iniciación, la cual no publicó años atrás por algunas críticas recibidas y decidió quemarla. Gracias a una copia recuperada de manera fortuita, se editó en 1997. Pero también Rosario hizo un breve guiño a esa novela, en un artículo publicado en Excélsior el 25 de julio de 1966, titulado Historia mexicana, un exilio, en donde describe a su protagonista Cecilia.
Durante su estancia como embajadora en Israel, gana el premio Elías Sourasky, se publican sus obras; Álbum de familia, Mujer que sabe latín, Poesía no eres tú, se traduce al inglés El viudo Román y al hebreo Balún Canán. La obra de teatro El eterno femenino, de la cual se siente muy satisfecha, no recibe el beneplácito del canciller Rabasa para su publicación, lo cual ocurre hasta después de la muerte de la escritora en 1974. Gracias a estas cartas a su mejor amigo, podemos saber de los últimos años de Rosario, de su plenitud creativa y personal, pese a algunos altibajos emocionales y reconocer en ella a una mujer empoderada, fabulosa, única.

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