Una Ventana Literaria

Francisco García Ramos

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

EL KÁISER

Hace algunos años visité una ciudad llamada Matamoros, Tamaulipas, la cual está ubicada en las márgenes del Río Bravo, el que sirve de frontera natural de nuestro hermoso México con los Estados Unidos de Norteamérica.
Ahí vivía mi gran amigo Antonio Flores Frías, “Toñito” como le decíamos casi todos sus amigos; él era bilingüe, ya que hablaba el idioma español y el idioma inglés como la gran mayoría de la gente que vive en la frontera norte del país. Toñito tenía un perro que tenía por nombre Káiser, un rottweiler muy inteligente y obediente.
El Káiser era un perrazo de color negro con manchas de color caoba. Toñito educó al Káiser con los dos idiomas: el español y el inglés. Estando en el jardín de la casa, me dijo: ¿Quieres ver cómo es de educado el Káiser? Le respondí: sí me gustaría, y acto seguido, le dijo al Káiser en español: Come Káiser. Y el Káiser comió.
Le ordenó en inglés: Eat Káiser. Y el Káiser comió. Le dijo en español: Salta Káiser, y saltó el Káiser; le ordenó en inglés: Jump Káiser, y el Káiser brincó; le dijo en español: Siéntate Káiser, y el Káiser se sentó; le ordenó en inglés: Sit Káiser, y el Káiser se sentó; le dijo en español: Káiser corre, y el Káiser corrió; le dijo en inglés: Run Káiser, y Káiser el corrió; le dijo en español: Dame la pata, y el Káiser le dio la pata; le dijo en inglés: Give me the paw, y el káiser le dio la pata, le ordenó en español: Gira, y el Káiser dio la vuelta; le dijo en inglés: Turn around, y el Káiser giró; le dijo en español: Ven, y el Káiser vino; le dijo en inglés: Here, y el Káiser vino; le lanzó una pelota de goma y le dijo: Atrápala, y el Káiser la atrapó; le lanzó nuevamente la pelota de goma diciéndole en inglés: Catch it, y el Káiser la atrapó.
Y así, sucesivamente le ordenó Toñito al Káiser varios ejercicios en ambos idiomas, sintiéndose Toñito orgulloso del Káiser porque obedecía las órdenes.
Otra rara peculiaridad que tenía el Káiser, era que se ubicaba en la puerta de entrada de la residencia y no dejaba entrar a nadie a la casa si no lo tomaban de la pata delantera derecha, la cual levantaba a manera de saludo.
Rememorando esta inolvidable vivencia, me doy cuenta que a algunos animales solo les falta hablar.

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