Lupita Gómez

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez [email protected]

MEDIO SIGLO
A Jorge Gómez.

Finalmente estás aquí, cincuenta años.
Horas de lluvias y rayos dorados de sol.
Tengo mis cabellos delgados y la frente amplia,
siento la brisa que nace, veo la luna que brilla,
el cielo que ríe y el manto de la noche.

Es una gran ocasión… acaricio las cicatrices
de sabiduría que trazan mi rostro,
recuerdos que viven en el alma.

Memoria y corazón ¡sin que el desaliento venza!
La fuerza de mi pulso y de mis pasos, nacen de mi pasado.
Pasado difícil entre la espesa bruma humana.
Que me llenó de versos y canciones,
sumergiéndome en la simpleza de los tiempos,
viviendo, haciendo magia y descubriendo desafíos.

Con un Dios vivo que venero, que perfuma mis palabras,
que calma mis ímpetus de manera sutil,
seca mis lágrimas y me regala una sonrisa.
Cuando a mis seres el dolor les zarpa
les pongo la música de una guitarra, una copa de vino
a mi alma, mis brazos, mi café, mi comida, mi tiempo
y el horizonte de una tarde que termina.
He de reír en esta vida con el corazón marchito
de una pena, o henchido de orgullo por mis hijos,
feliz por quien triunfa o pone sus pies sobre jazmines.
¡Vida eres tan corta y dadivosa… bella y embustera!
Voy contra viento desafiando el tiempo,
Jorge Gómez… es mi nombre.
¡Deja que te contemple vida de 50 otoños!
deja hoy… ¡que te contemple!
color de luna.
Ahora que la vida nos arranca el tiempo
y los momentos se van con los segundos
expulso las horas de mi cuerpo
en los poros congelados de mi piel.

Ahora que no puedo recorrer
las calles de mi pueblo caminando,
ni correr con fuerzas en los prados:
con el puño temblando señalo el horizonte
y temo a las nubes negras de tormentas.

Ahora que el otoño se estaciona en mi vida
y que mis pasos se cuentan fácilmente,
se empolvan mis sueños en el cajón,
a los cálidos, los amarro con un listón difícil.

Ahora me desvisto poco a poco, sin prisa,
acaricio mi vientre en una de esas,
mi trofeo universal, mi vida en dos y mil problemas.

Hago que el azul plata se vuelva blanco brillante de paz,
volviéndose parte de mi rutina y así
todos los días sostengo y beso mi alma.

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