Las Líneas del Colocho/Carlos Castro
Traer artistas a Chiapas ya no es negocio para valientes, es deporte extremo. Los empresarios no solo tienen que convencer al artista, vender boletos y montar el espectáculo; también deben sortear la mala organización, la falta de seguridad, las presuntas extorsiones y la poca empatía de algunos propietarios de los recintos.
El promotor pone el dinero, asume los riesgos y reza para recuperar la inversión, mientras algunos parecen creer que rentar un escenario es suficiente para lavarse las manos.
Y si a la fiesta le agregamos amenazas, cambios de última hora y faltas a los contratos, ya tenemos el paquete completo. Solo falta vender boletos para el drama.
Lo preocupante es que, entre tantas piedritas en el camino, los empresarios terminen llevando sus inversiones a otros estados. (Después no preguntemos por qué no hay conciertos, turismo ni derrama económica).
Eso sí, los promotores tampoco son “hermanos de la caridad”: quien vende boletos debe cumplir. Pero la responsabilidad es compartida, aunque algunos quieran “bailar solos” cuando llegan las ganancias y repartirle la factura a los demás cuando aparecen los problemas.
La pregunta es: ¿queremos que Chiapas sea una plaza para grandes espectáculos o un campo minado para los empresarios?
Porque una cosa es hacer negocio y otra convertir cada concierto en una prueba de supervivencia.
Y luego nos quejamos de que los artistas no vienen. Si para montar un escenario hay que superar más obstáculos que en una carrera de supervivencia.
La falta de empatía y guías de ciertos propietarios de los recintos hace que los empresarios ya no inviertan más en Chiapas, por que en vez de ayudarles más los estresan y los llevan al colapso económico.
¡Al que le quede el saco!










