Eduardo Solís/Diario de Chiapas

San José Tierra Blanca vio aparecer a una de las figuras de la charrería estatal: un hombre de buena familia que, desde la Frailesca, encontró en las actividades del campo la forma perfecta de arraigarse en su ambiente. José María López Rivera desarrolló habilidades que demostraron que, en el rancho, la charrería se convertiría en su más grande pasión; misma que compartiría de tal manera que, en este 2026, el Estatal Charro lleva su nombre en un merecido homenaje que honra su paso terrenal, siempre ligado al deporte nacional por excelencia.

Rodeo del Parral fue su primer equipo charro. Con apenas 19 años, pudo convertirse en Charro Completo gracias a su gran habilidad para realizar piales, colas y ser fundamental en la terna. Se volvió indispensable para los equipos que lo vieron aportar en cada competencia; al repasar su trayectoria, destaca una larga lista de campeonatos en diversos municipios y escenarios donde, sin importar el nivel, López Rivera encontraba la oportunidad de resaltar su amor por la charrería y transmitirlo a los demás.

El plano nacional no pasó desapercibido: Zacatecas, Jalisco, Guanajuato y Puebla lo vieron ejecutar sus suertes. Demostró que, cuando se trataba de atrapar al toro y derribarlo desde el caballo ejecutando las colas, era complicado superarlo. Con el paso de los años, fue generando una escuela para quienes buscaban perfeccionar esa suerte, la cual encamina las charreadas entre los que serán campeones y los que siguen aprendiendo.

Después, cuando los más jóvenes ganaron terreno, el “Tío Chema” comenzó a ser un promotor incansable de torneos, siempre pensando en abrir espacios para que las nuevas generaciones pudieran continuar desarrollándose en la actividad. Compitió con ellos para predicar con el ejemplo, incluidos sus hijos, con quienes se mantiene viva la pasión por la charrería en la familia López.

La ceremonia de inauguración de la edición 56 del Congreso y Campeonato Estatal Charro fue el escenario perfecto para que un personaje como José María López Rivera perpetúe el amor que le tuvo al deporte nacional. Para los equipos, los charros y los organizadores, queda claro que son estos personajes los que engrandecen la actividad. No existe mejor forma de honrarles que respetando una disciplina llena de tradición, que es patrimonio intangible y profundamente mexicano, demostrando la comunión entre la labor cotidiana en el campo y la disciplina que exige la charrería.

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