Daniel Sánchez/Diario de Chiapas
El 20 de abril, tras semanas de reuniones de urgencia entre la FIA, los equipos, los fabricantes y la FOM, llegó el veredicto: el reglamento 2026 necesita parches antes de Miami. Tres carreras. Ese fue el tiempo que tardó la normativa más ambiciosa de la historia moderna de la Fórmula 1 en obligar a sus propios arquitectos a sentarse a corregirla.
Los cambios, que entran en vigor el 3 de mayo en Miami, atacan cuatro frentes: clasificación, carrera, salidas y condiciones de lluvia. El diagnóstico previo era conocido por todos, aunque tardó un accidente a 50G en Suzuka en volverse urgente. Las nuevas unidades de potencia obligaban a los pilotos a cosechar energía eléctrica levantando el pie en zonas de alta velocidad para desplegarla después en ráfagas. El resultado fue paradójico: los monoplazas más rápidos del planeta frenaban artificialmente en rectas para recargar baterías.
La corrección central apunta directamente a ese fenómeno. La recarga máxima por vuelta baja de 8 a 7 megajulios, y la potencia del super clipping aumenta de 250 a 350 kW, permitiendo que la batería se recargue más rápido sin que el piloto tenga que gestionar tanto tiempo la energía. En teoría, menos lifting y coasting, menos diferencias abruptas de velocidad, menos situaciones como la de Bearman. El Boost en carrera queda limitado a 150 kW adicionales para acotar los picos de rendimiento entre monoplazas.
Para las salidas, se prueba en Miami un sistema de detección automática de baja potencia: si el coche identifica que la aceleración tras soltar el embrague es anormalmente reducida, activa el MGU-K automáticamente. Los autos que activen este protocolo encenderán luces intermitentes para advertir a los pilotos que vienen por detrás. Una respuesta directa a los incidentes de Australia y Japón.
La pregunta que vale la pena hacerse no es si los cambios son correctos técnicamente, sino si son suficientes para rehabilitar un espectáculo que sus propios protagonistas ya sentenciaron. Verstappen lo dijo con una claridad que ningún comunicado de la FIA podrá desmentir: “No me estoy divirtiendo en absoluto. Estoy completamente vacío.” Norris, el campeón vigente, fue igual de contundente: “Hemos pasado de tener los mejores coches jamás fabricados en la Fórmula 1 a, probablemente, los peores.”
Motorsport.com lo planteó con precisión quirúrgica: si los pilotos siguen sintiendo que administran sistemas más que compitiendo entre ellos, ninguna cantidad de retoques en los kilowatts convencerá a nadie de que el 2026 está arreglado. Y ahí reside el problema de fondo que ningún ajuste de abril resuelve: la batería tiene una capacidad máxima de 4 MJ, lo que hace inevitable que tenga que recargarse durante la vuelta. Los cambios son una solución de compromiso, no una solución real.
Miami dirá si el parche aguanta. La Comisión F1 se reunirá antes de Mónaco para revisar datos. Lo que ya no tiene remedio son las tres primeras carreras de esta era, que quedaron como prueba de que el reglamento más caro de la historia se diseñó sin terminar de entender lo que ocurriría cuando los coches salieran a pista.










