ZONA DE PITS
Sufragio irrelevante, reelección
Daniel Sánchez/Diario de Chiapas
Mohammed Ben Sulayem, actual presidente de la FIA (Federación Internacional del Automóvil en su traducción al español) y bastión determinante en las decisiones concernientes a la Fórmula 1, se perfila como único aspirante real a conservar el mando de la institución.
Nombres como Tim Mayer (ex comisario de la Fórmula 1 y crítico abierto de la actual gestión), Laura Villars (piloto suiza de categorías inferiores) y Virginie Philippot (periodista y figura pública belga) se presentan como alternativas simbólicas en la contienda.
El grueso de los contendientes exhibe propuestas variadas en materia de sustentabilidad, espectáculo y manejo económico; sin embargo, todas convergen en una crítica interseccional: la concentración de poder bajo el mandato de Ben Sulayem, quien ha debilitado, mediante reforma internas, los comités de ética y auditoría.
Para aspirar a la presidencia de la FIA se requiere presentar vicepresidencias definidas en todos los continentes, un requisito que Ben Sulayem ha sabido convertir en cerrojo estratégico, dificultando que sus adversarios cumplan los criterios. El resultado: un ahogamiento logístico tan sutil como deliberado.z
La moneda de cambio que consolida su poder es su dominio técnico sobre el reglamento de 2026, que lo posiciona, a los ojos de escuderías y fabricantes, como pieza indispensable en la definición del futuro de la categoría reina.
La llamada “regla del umbral” ha sido explotada con maestría por el actual presidente, quien ha logrado, mediante el control de sillas regionales, alinear a las federaciones bajo una sola agenda presidencial. No es una reelección: es una coronación burocrática.
A su favor, el múltiple campeón de rallyes ostenta un purismo deportivo que contrasta con los intereses mercantiles de Liberty Media, dueña virtual de la Fórmula 1. Cuando -no si- Ben Sulayem renueve su mandato, el pulso entre la FIA y la FOM se tensará aún más, evocando el duelo entre Carroll Shelby y Leo Bebee: el ingeniero que soñaba con vencer en Le Mans frente al burócrata que pensaba en balances.
Tras la foto y el discurso reglamentario comenzará su verdadero reto: imponer la autonomía de la FIA frente al músculo corporativo de Liberty Media. Si el conglomerado estadounidense prevalece, veremos más carreras sprint, más fechas en suelo americano y menos margen técnico para la innovación. Los precios de las entradas, la desaparición de las “zonas grises” reglamentarias y, en última instancia, el bienestar del último beneficiario del automovilismo -el público-, se definirán en esa disputa de poder.
Eduardo Gómez, ávido seguidor de la Fórmula 1 y parte esencial de esta comunidad, resume con precisión el espíritu que atraviesa esta columna: en la F1, como en la FIA, el poder y el carácter valen más que la velocidad; una sola decisión puede cambiarlo todo










