Agencias
Diario de Chiapas
La luna de miel de Los Angeles Rams después del campeonato de Super Bowl no les duró ni siquiera hasta el primer domingo de la temporada regular.
La paliza 31-10 que sufrieron ante los Buffalo Bills el jueves por la noche fue un recordatorio brutal de que el título de la campaña pasada, e incluso el lustro de éxito bajo el mando de Sean McVay, no les garantiza nada en un nuevo año.
“¿Que si eso me molestó? Por supuesto”, dijo McVay el viernes. “Despiertas con un dolor en el estómago y la única forma en que sé cómo curarlo es regresar al trabajo y trabajar muy duro para estos jugadores y entrenadores”.
Si bien el equipo de Los Angeles todavía posee talento de élite, no pudo seguirle el paso a Buffalo, ampliamente considerado como un candidato al campeonato. De igual forma, los mayores rivales de los Rams estarán hambrientos de lo que poseen los campeones. Tal vez estarán incluso más hambrientos que los propios Rams.
“Esa es una excusa muy fácil de poner, pero no diría eso”, apuntó McVay. “Nuestros muchachos estaban listos para jugar. Sólo creo que hubo muchos momentos en los que no ejecutamos a nuestra máxima capacidad”.
Dejando de lado la motivación y el hambre, el partido inaugural también reveló muchos problemas que los Rams deben resolver si desean ser considerados entre los mejores de la NFL esta temporada. McVay asumió la culpa, como es normal, pero casi cada aspecto de su equipo mostró amplio margen para mejorar.










