Empate sobre el cierre del juego que los mantiene con vida
Agencias /Diario de Chiapas
Los partidos de la Copa Mundial en la segunda jornada ya no son todo ilusión y expectativa, a los equipos que han perdido en la primera fecha les entra el miedo y la noción de que el camino puede tener poco recorrido por delante. Sudáfrica y Chequia llegaban al imponente Estadio Atlanta tras una derrota y con miedo de que en el minuto 90 las cuentas ya no les saliesen.
Con esa urgencia salieron los europeos rápido, con intensidad, buscando asfixiar a Sudáfrica. Es un equipo robusto y sólido, quizá no el más imaginativo, pero con suficiente tonelaje para amedrentar a otros rivales. Así ocurrió, pronto Sadílek enganchó un buen disparo tras una jugada combinativa de los checos, un remate que iba a suponer también un gol y la esperanza de dejar los apuros atrás y seguir con las opciones intactas.
Un gol tan tempranero, en el minuto 6, cambia completamente un encuentro. En este caso las consecuencias eran evidentes, Chequia ganaba en tranquilidad y además abrazaba la opción de jugar a lo que mejor sabe: control, defensa, mejor si no pasan demasiadas cosas.
Pasaban los minutos y los checos se las prometían muy felices, pero estaban jugando con fuego. Entonces llegó el penalti, un disparo desde lejos que da en la mano del defensor, muy despegada del cuerpo. La infracción era clara y Mokoena, un clásico de la selección africana, no lo desaprovechó.
Chequia quiso reaccionar, pero ya era demasiado tarde. Tampoco es un equipo lo suficientemente fluido como para poder montar un ataque eficaz. El empate es un purgatorio, un resultado en el que no llega la sentencia absoluta, pero suena también a un castigo para la clasificación. Ambos equipos, en todo caso, tendrán opciones en la última jornada, y mientras siga la esperanza sigue la ilusión










