Modificaciones a las reglas exhiben aumento en riesgos para los piloto.

Daniel Sánchez/Diario de Chiapas

Suzuka tiene la virtud de no mentir. Sus curvas encadenadas y esa 130R que pone a prueba el instinto de cada piloto devuelven siempre un diagnóstico preciso sobre el estado real de un campeonato. Este domingo, el diagnóstico fue incómodo.

Andrea Kimi Antonelli ganó el Gran Premio de Japón 2026 con una autoridad que ya empieza a verse natural en él. Tras una arrancada comprometida que lo relegó a la sexta posición, el piloto boloñés de 19 años remontó con paciencia y aprovechó el safety car de la vuelta 22 para construir la ventaja definitiva. Con su segundo triunfo consecutivo tras China, se marcha de Suzuka como el líder más joven del campeonato en toda la historia de la Fórmula 1. Oscar Piastri completó el podio en segundo lugar con una McLaren que mostró ritmo real de carrera, mientras Charles Leclerc se ganó el tercer peldaño con una defensa sobre George Russell que fue, honestamente, de las pocas escenas de pilotaje puro que ofreció la jornada.

Porque el resto de la tarde perteneció a otra conversación. En la vuelta 22, Oliver Bearman se acercaba a la curva Spoon a 308 kilómetros por hora cuando encontró a Franco Colapinto rodando a una velocidad radicalmente inferior: el Alpine se había quedado sin carga eléctrica disponible, una situación que el nuevo reglamento técnico de 2026 genera con una regularidad que ya nadie encuentra aceptable. La diferencia de velocidades entre ambos superó los 80 km/h. Bearman giró para evitar el impacto trasero, perdió el control en el césped y golpeó las protecciones con una fuerza de 50G. Por fortuna, el piloto de Haas salió con solo una contusión en la rodilla derecha. Esta vez.

El propio jefe de equipo de Haas, Ayao Komatsu, resumió lo ocurrido con una precisión que duele: “Es exactamente de lo que ya habíamos hablado antes con este reglamento: que las diferencias de velocidad pueden convertirse en un problema.” No fue una sorpresa. Fue una consecuencia anunciada. El reglamento de 2026, con su reparto 50/50 entre potencia térmica y eléctrica, crea monoplazas que pueden pasar de casi 1.000 CV combinados a quedar prácticamente inermes en cuestión de segundos, generando brechas de velocidad imposibles de gestionar en pista.

Fernando Alonso lo había dicho antes de que se apagaran los semáforos, con su habitual precisión quirúrgica: ”¿Qué diversión va a haber adelantando sin querer? Es una maniobra de evasión más que un adelantamiento.” Minutos después, sus palabras circulaban por las redes mientras Bearman era atendido en el centro médico. Carlos Sainz fue más explícito aún: “Imaginemos este mismo golpe en Bakú o Las Vegas, donde no tenemos escapatorias. Debemos encontrar una solución, como sea.” Max Verstappen, que terminó octavo y lleva semanas cuestionando su propio futuro en la categoría, señaló lo que todos piensan: “Cuando se trata de seguridad, es fácil hacer ajustes. Quizás deberíamos usar esa palabra para introducir por fin algunos cambios.”

La FIA anunció reuniones de urgencia para abril, aprovechando el parón forzoso por la cancelación de las citas en Bahréin y Arabia Saudita. El Gran Premio de Miami, el 3 de mayo, será el primer examen. Antonelli tiene un título que construir. El deporte tiene algo más urgente: una deuda de seguridad que saldar antes de que la próxima curva no tenga escapatoria.

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