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Editorial

Desafíos del turismo: los conflictos sociales

Hace menos de una semana, la máxima autoridad que maneja la “industria sin chimeneas” en la entidad, lanzó el anuncio de una nueva Ley de Turismo que equilibrará la prestación de servicios, que según dijo Katyna de la Vega, tendrá como objetivo garantizar las mejores condiciones en las relaciones turista – visitante – prestadores de servicios turísticos.

La iniciativa, producto de foros que se hicieron a lo largo y ancho de la entidad chiapaneca, contempla apartados como el procedimiento administrativo en materia turística; los medios alternativos de solución en el sector, la conciliación, un capítulo especial de Infracciones y sanciones.

La nueva ley puede tener todo lo avanzado que se quiera para hacer de Chiapas una potencia turística. Nadie duda que lo tenga, pero que lo alcance en el mediano tiempo, es casi imposible pensarlo, no por restarle méritos a quienes hacen este esfuerzo sobrehumano, sino por las condiciones propias de la idiosincrasia con la que están acostumbrados los pueblos originarios, principales sedes de las bellezas naturales que Chiapas posee.

Las conductas bélicas, los atropellamientos a los derechos de las personas que se realizan con la celebración de marchas, bloqueos, por parte de organizaciones sociales, campesinas, estudiantes normalistas, maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, son en realidad el principal impedimento para que el desarrollo encuentre una vereda por la cual no se detenga hasta llegar a un final programado.

Es cierto, los conflictos sociales que se originan tienen un fondo político de líderes aviesos, tienen razón ante la falta de respuestas institucionales eficientes por muchos años atrás dejadas en el olvido; no se cuestiona que muchas de estas protestas tengan su justificante por la falta de pagos a los maestros, por citar algunos ejemplos.

También está la otra moneda, la que generó el gobierno al prácticamente darle asistencialismo en especie a los chiapanecos, sin obligarlos a que respondan, produciendo, cada vez menos, sus tierras. Están mal acostumbrados, porque así les conviene a sus intereses, el tenerlos pasivos, estirando la mano con becas o programas sociales que alivian la pobreza. Y justo cuando hay retrasos o simplemente no hay dinero, la gente se alebresta exigiendo su “derecho”, es decir, presiona porque no le cae en sus manos el recurso prometido.

Por eso y muchas cosas más, un programa ambicioso de penetración para posesionar en lo más alto a Chiapas y sea un corredor que sea visitado por turistas de todo el mundo, tiene que considerar no sólo abrir un abanico de negociaciones con los grupos inconformes, sino empezar de raíz a erradicar costumbres ancestrales. Los tres órdenes de gobierno tienen encima por resolver muchos problemas y poco dinero para solventar los atrasos en los pueblos chiapanecos.

El problema tiene mucho fondo y la buena voluntad no basta, pero sí es bueno iniciar con un proyecto que tardó dos años en concretarse. Es bueno que se regularicen las agencias patito, que se ponga orden porque no hay garantía ni certeza para los que acuden a estas a hacer sus apartados y porque dañan el crecimiento de las que sí están reglamentadas. Por ello, si esta ley protege tanto al turista como al operador del sector se protege a ambos.

El documento fue presentado al Congreso del Estado para su analices y aprobación. Con él, refrenda la Secretaría de Turismo, se beneficia al sector propiamente.

Ojalá que esta nueva ley cumpla con la función de dar apertura, de abrir a los prestadores de servicios, de hacerle entender a las autoridades de los tres órdenes de gobierno que la apuesta es Chiapas y por ello deben poner toda la experiencia política para negociar e impedir actos irregulares que denuestan y ahuyentan al turismo.

Quizás el comentario final no era abordar el tema de los problemas sociales, pero si no se atienden, cualquier innovación o reglamento se topará con pared si no ve que se atiendan las causas torales que obligan a los ciudadanos a manifestarse. Deseamos que la nueva ley de turismo logre su objetivo pues Chiapas no tiene otra opción, más que brindar las condiciones para acoger al turismo local, nacional e internacional.

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