Premian en Morena al expanista Yunes Márquez
El premio que recibió Miguel Ángel Yunes Márquez no sólo lo exhibe a él como un peón del engranaje de la política que persigue y hasta hoy ha logrado Morena, que es mantener el poder a costa de lo que sea. Como en los mejores tiempos del Revolucionario Institucional, la misión es lograr tener el control sobre todas las cosas.
Por un lado, la codicia, la avaricia y la ambición del hijo del patriarca Miguel Ángel Yunes, ex gobernador de Veracruz y ex director general del ISSSTE, por haber traicionado al PAN, aunque no lo quiera reconocer -sería muy tonto de su parte aceptarlo públicamente-, tiene sus frutos para su bienestar personal, para su familia.
A él no le importa que en la calle le griten traidor, no le interesa ni le perturba el sueño que sea corrido o señalado en los lugares públicos a los que asiste, principalmente del estado de Veracruz.
Yunes Márquez ha conseguido la recompensa de ser reconocido, aunque sea de dientes para afuera, hasta por el ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador y por la hoy presidenta Claudia Sheinbaum. El jueves el senado lo nombró presidente de la Comisión de Hacienda.
Este es el premio a su tradición, dijo el panista Marko Cortés. Su designación sucede después de que fuera expulsado del partido Acción Nacional por apoyar la reforma al Poder Judicial impulsada por Morena y el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Gracias a Yunes, el proyecto de AMLO recibió la mayoría calificada de 86 votos y pudo ser promulgada, implementándose una serie de modificaciones en materia judicial, entre las que se encuentra la realización de las elecciones extraordinarias de 881 cargos del Poder Judicial de la Federación el próximo 1 de junio de 2025.
Para esta semana, como respuesta al “cariño” que le tomó Morena, se afiliará al Movimiento de Regeneración Nacional, un hecho impensable hasta hace poco mes de medio año, cuando fue la elección de 2024, donde ganó un escaño por el PAN, con una votación de más de un millón de sufragios azules.
En Tribuna, las acusaciones han sido ríspidas, sin un gramo de decencia o de formalidad. Los senadores de oposición le han dicho hasta de lo que se va a morir y en respuesta, el cinismo del senador se hace presente, al verse cobijado por Morena, generando un debate sobre lo que significa la lealtad política y la ambición en la política mexicana.
Hoy queda escrito en los anales de la historia que los pronósticos que se hicieron de que el gobierno no reconocería la importancia del voto de Yunes Márquez fue una apuesta fallida. Cierto es que ha sido el personaje innombrable en el Senado, tanto por su expulsión del PAN como por la tradición.
No es fácil para cualquier ciudadano caminar sin preocupaciones cuando sabe que no tiene dinero y le debe a la dueña del estanquillo, que no hay lo suficiente para comprar la canasta básica del hogar. Ahora no nos imaginamos que algún personaje de la política de cualquier de los tres órdenes de gobierno o del Congreso de la Unión o de los estados del país, haya traicionado sus principios, quedado mal a su gente que votó por él o ella. Todo esto a Yunes no le importa ni le interesa.
Que se pitorreen de alguien no es nada gracioso, pero cuando esta consignación es infundada, está peor. En el caso del senador debe tener sus adversarios o sus agraciados que le aplaudan y quienes le critiquen sus actos, pero él que debe saber qué piensa o cómo está de “salud física o emocional” es el personaje mismo.
Con el ascenso de Yunes, se equivocaron quienes pensaron que Morena, el partido de AMLO, no le daría un lugar oficial en la bancada y hasta será aceptado como militante activo del guinda. Tan es así que la misma presidenta dijo, cuando le preguntaron su opinión de porqué fue aceptado dentro del partido si era un acérrimo rival del gobierno, que esa era una decisión del partido que ella respetaba. Es decir, lo avaló y tan es así, que el presidente de la Comisión de Organización de Morena, Andrés López Beltrán hasta se tomó fotos con Yunes.
A quien no le gustó mucho la idea del apapacho que recibe Yunes es a la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, quien ni tarde ni perezosa, dijo que no está dispuesta a sentarse en la misma mesa con la dinastía de los Yunes, lo que demuestra su oposición ante las muestras de violencia política que recibió durante el proceso electoral pasado.
La política en México no se cuece aparte, sigue las mismas formas y métodos desde hace casi cien años, así es que no debe sorprender a nadie lo que se registra en las cámaras representantes del pueblo mexicano.










