Informa ERA hoy sobre los 100 días viviendo en paz

Hoy sábado se registrarán dos acontecimientos dignos de comentarse. El primero es la llegada de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, al municipio de Las Margaritas, donde tendrá un evento con el pueblo de esta localidad y demarcaciones aledañas, producto de las políticas públicas que emprende su administración en coordinación con el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar.

El segundo es la celebración, de los primeros 100 días del gobierno de Ramírez Aguilar, acto que se llevará a cabo en el municipio de Tapachula, donde seguramente sus dos programas que llaman la atención serán el de seguridad y el de alfabetización “Chiapas Puede”.

Ayer mismo, la presidenta sostuvo una reunión en Comitán en las instalaciones de la nueva Universidad Rosario Castellanos, una propuesta educativa que impulsa su gobierno, y a kilómetros de distancia se distingue que el ambiente que se respira en esta zona, comparado con las últimas giras que hiciera el presidente Andrés Manuel López Obrador, es de una mayor tranquilidad. Claro, esto no quiere decir que se echen las campanas al vuelo, pero es una realidad que esa inestabilidad que se tenía hasta para salir a la calle ha desaparecido.

La presencia de la mandataria, aunque no está confirmado que vaya a llegar al informe de los 100 días, es un espaldarazo a las acciones emprendidas por Eduardo Ramírez Aguilar en estos primeros tres meses.

Tan efectiva ha sido la gestión gubernamental, que las encuestas que se han sacado y publicado desde el centro del país, reflejan la efectividad del gobierno estatal al estar en primer lugar en gestión gubernamental, transparencia y combate a la inseguridad.

El dato no es menor e insistimos, las críticas a la gestión del ex gobernador Rutilio Escandón Cadenas, fueron legítimas, pero al mismo tiempo, sin margen de operación, porque sólo hay que recordar que la política de “Abrazos no balazos” fue lo que imperó en el sexenio anterior y eso impidió de tajo al ex mandatario operar, pues no podía ir en contra del mandamiento que “regularizó” AMLO.

No está por demás replicar los cientos de mensajes que ha posteado el pueblo de Chiapas en las redes sociales, donde coinciden que Eduardo Ramírez ha “pavimentado” el camino de la paz y la tranquilidad.

No se niega que no haya aún hechos de sangre, pero estos han sido aislados, sin el peso demoledor del pasado y eso se agradece porque un pueblo sin libertad, sin condiciones para que su gente trabaje y salga adelante, simplemente no sólo se estanca ni visualiza su futuro prometedor, sino que retrocede en las aspiraciones que como sociedad se tiene derecho.

Transitar por toda la geografía sin el temor de que nos moleste o lo que es peor, se nos agreda, tiene su recompensa y esa es compartida por la inmensa mayoría de los chiapanecos, que es el agradecimiento de fajarse los pantalones para poner paz.

Antes de que tomara posesión, Eduardo Ramírez Aguilar prometió regresar la paz a Chiapas en solo seis meses y si no lo lograba, casi casi dijo que renunciaba. Hoy, a tres meses, insistimos hay cientos de personas en la cárcel y el aseguramiento de cantidades enormes de decomisos de armas, unidades automotoras y narcóticos, y algunos peces gordos han sido recluidos en el Amate.

El Estado de Derecho no se discute ni se negocia, se aplica y eso es justo lo que se está haciendo en Chiapas. Al gobernador se le podría reclamar otras cosas, pero hasta hoy, se podría decir que su gestión camina hacia el reconocimiento de hechos y resultados trascendentales.

Es cierto, gobernar tiene sus implicaciones y, por lo tanto, los excesos –que hay que decirlo, también se han denunciado en contra de algunos cuerpos de seguridad–, lleva consigo implícito ese riesgo, pero que los servidores públicos deben tomar en cuenta y castigar a quien los cometa.

Por todo lo anterior, no es exagerado que el lema de su magno evento programado para hoy lo haya denominado “100 días viviendo en paz”, el eje central a resolver pues de nada serviría tener programas y proyectos en puerta si la inestabilidad social, producto de la inseguridad, impedirían su ejecución a toda costa.

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