Urge echarle montón al gusano barrenador
El gobierno de Chiapas tiene que actuar en modo emergente ante la federación para que se atienda el problema del gusano barrenador, tema que fue descuidado desde el sexenio pasado, cuando la frontera sur se dejó sin vigilancia estricta para el tránsito de los animales que provenían de Centroamérica, principalmente del vecino país de Guatemala.
Los casos de esta plaga que han aniquilado varias reses y hasta animales domésticos, principalmente en los municipios fronterizos y de la Costa, pasando por algunos en la zona Centro, preocupan y mucho porque hay que inyectar recursos para combatir el gusano que se creía erradicado, tanto que la planta de moscas que operaba en Chiapa de Corzo, fue cerrada desde el año 2013.
El problema es serio, porque se requiere un control sanitario meticuloso por parte de las autoridades de Salud, de la cooperación de las asociaciones de ganaderos y por supuesto, del gobierno federal que se está viendo lento para contrarrestar los ataques que el hato está sufriendo ya desde hace varias semanas en que fueron difundidos los primeros casos y retomados por los medios de comunicación.
El tema mayor es que la plaga ya mutó hacia los humanos, presentándose casos en al menos tres municipios del estado chiapaneco.
Son cientos de cabezas de ganado que cruzan la frontera sur, por lo que los casos pueden sobrepasar la capacidad de las autoridades para verificar el paso de éstas. Si no se hace como debe ser, se está cayendo en una gran irresponsabilidad que necesariamente tiene que atenderse a la brevedad posible.
No se ve que el gobierno de México a través del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), haya intensificado sus políticas públicas y esto es más grave porque los 15 días que el gobierno de Estados Unidos ordenó cerrar la frontera al ganado debido a los contagios del gusano barrenador, podrían extenderse de seguir conociéndose casos específicos que se han hecho público.
Es indudable que el consumo humano de este producto empieza a causar problemas en la venta y, por tanto, en la caída económica por los daños que podrían causar a la población de continuar sin control sanitario.
Además, el problema no es que el producto ingrese por Chiapas hacia el centro del país, sino porque las redes quedan varadas en el norte del país, a la espera de que se levante la “infracción” por parte de las autoridades norteamericana.
La corrupción en que pueden estar incurriendo funcionarios menores al dejar pasar el ganado, significará una bomba de tiempo en el futuro inmediato dado que las exportaciones están paralizadas.
El ganadero que sea responsable pondrá, sin que se lo pidan, en cuarentena su hato, aunque ello represente invertirle mucho dinero que no estaba programado. Además, la posibilidad de que vuelva a instalarse la planta de moscas que erradican el mal en las reses, no podría instalarse de nuevo debido a que se requiere mucho dinero y no lo hay.
Hay una denuncia pública que se centra en los actos de corrupción, decíamos, de los funcionarios menores que cobran alrededor de 800 pesos por arete de certificación para legalizar el animal proveniente de Guatemala.
Esto ha sido así desde siempre y dado que siguen cometiéndose los actos irregulares, los compromisos de honestidad y transparencia que se había prometido acabarían con la llegada de la Cuarta Transformación al gobierno de México, parece que no ha dado resultado
En Tapachula, el municipio por el que deben transitar los animales, no hay las llamadas albercas donde puedan pasar a “bañarse” con el agua que tiene insecticida en contra del gusano barrenador. Cierto que es una medida paliativa, pero de algo debería de servir para tener un hato ganadero “limpio”.
Desde el jueves somos de nuevo noticia nacional, luego de que se le diera suficiente difusión a nuevos casos del gusano en animales y en humanos, como el registrado en un hombre de edad promedio 40 años, que habita la comunidad Altamira 2 del municipio costero de Mapastepec.
Los casos de miasis confirmados se han registrado en Acacoyagua, Tuzantán, Mapastepec y Cintalapa, además de los que se han detectados en los semovientes y algunos perros. Ante esta situación, no hay de otra, y los gobiernos de los tres niveles y los propios ganaderos, tienen que unirse para echarle montón al gusano, pues de lo contrario, la crisis de salud y económica podrían convertirse en unos verdaderos dolores de cabeza para el gobierno.










