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Editorial

Cirugía mayor para San Cristóbal

San Cristóbal de Las casas, el emporio de la “industria sin chimeneas” está al borde del abismo si el Estado mexicano no se decide a aplicar la ley. La barbarie que realizaron este martes en la colonial ciudad uno de tantos grupos de motonetos que operan sin rendir cuentas a la justicia es una verdadera amenaza para la seguridad de la población y no se extralimita al decir que es un tema de seguridad nacional.

Chiapas, la otrora entidad que era castigada por los grupos de organizaciones sociales como el MOCRI y Antorcha Campesina, las cuales en el pasado hacían y deshacían, hoy fueron reemplazadas por sujetos que no se tientan el corazón para amedrentar, hostigar, violentar y hasta matar a sus adversarios o terceras personas que se interponen en su camino.

Lo grotesco es que se paseen por las calles de la ciudad, armados hasta los dientes, mucho mejor que los endebles policías municipales, para hacer de su proceder una ley: la del más fuerte.

Este martes, bajo el pretexto del control de un mercado de la zona Norte de la ciudad de San Cristóbal, se vio a través de infinidad de videos que la ciudadanía grabó con sus celulares y que después fueron distribuidos en redes sociales, cómo hombres, en su mayoría jóvenes, portaban pistolas o metralletas. Intimidaban a los transeúntes y automovilistas, los despojaron de sus pertenencias y nadie, absolutamente ninguna autoridad se hizo presente para hacerles frente.

Se entiende que el gobierno estatal no haya querido enfrentarlos para no generar una catástrofe en la que resultara afectada la ciudadanía. Un derramamiento de sangre no era lo idóneo para su contención y detención infraganti.

Aunque ya en algunas ocasiones se habían visto a decenas de sujetos a bordo de sus motocicletas circulando por la ciudad o haciéndose presente en la Fiscalía de Justicia indígena para exigir la liberación de algún compañero detenido, sobresale que el que esta vez hayan dejado a un lado la discreción y demostrar el poderío al portar las armas, al estilo de los grupos del crimen organizado que operan en el centro y norte del país.

El hecho debe poner las alertas al máximo. De la Mesa de Seguridad deben salir las estrategias necesarias para acabar con este cáncer que está a punto de colapsar para todo San Cristóbal y sus alrededores. No se quiere ni desea que San Cristóbal sea presa de nadie. La tarea es difícil porque los líderes, primeros que deben ser llamados a cuentas, han sabido manejar a los indígenas que forman parte de estos grupos violentos.

Detener a los autores intelectuales de los movimientos sociales, de quienes azuzan a la violencia y a la desestabilización, es el primer objetivo para desintegrar a los grupos antagónicos armados.  La decisión debe tomarse al costo que sea. Demostrar que se es un gobierno con mano firme dará confianza ciudadana.

El gobierno estatal debe priorizar la paz social y la tranquilidad en San Cristóbal y en otras regiones donde haya problemas álgidos. Si se permiten y toleran más atrocidades, no queremos imaginar el futuro inmediato al que estará expuesta la sociedad sancristobalense y los turistas que aún con este tipo de situaciones se atreven a visitarnos.

No más compasiones. Los normalistas de la Rural Mactumactzá, por ejemplo, le tienen tomada la medida al gobierno con sus manifestaciones impetuosas, en las que también agreden, queman carros y demás desmanes, sin que hasta ahora se aplique la ley con los líderes identificados como los alborotadores. Si la sangre no ha llegado al río con los jóvenes es que los hechos no han pasado a mayores. Tanto que la gente ya se acostumbró a sus groseras acciones de inestabilidad. 

San Cristóbal, por ejemplo, es un caso muy especial por la demostración de poder que exhibieron los “motonetos”. Sin hacer más rodeos al caso: Detener a los líderes y “guardarlos” en el Amate por los delitos de motín, asociación delictuosa, uso de armas exclusivas del Ejército mexicano, será la misión que debe ser posible, y prepararse para la reacción.

No se debe cometer errores garrafales como dejar sin castigo a los normalistas, por ejemplo, que causaron desmanes en la caseta de peaje de Tuxtla-San Cristóbal en mayo de 2021, o la incomprensible orden de liberar, en el plano nacional, al hijo del Chapo Guzmán, en octubre de 2019. Si se deja crecer más a esta banda de criminales será una bola de nieve que será imposible detener.

La instalación en San Cristóbal de los elementos del grupo interinstitucional conformado por la Secretaría de la Defensa Nacional, Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana -la Policía Municipal no cuenta porque ya se declaró incompetente-, para resguardar el orden público tienen que ser permanente. Dejar libre la zona en unos días es como volver a permitir a los motonetos tomar control de la ciudad. En este tipo de casos si es válido militarizar la zona. La seguridad de la población y del turismo, lo vale y por ello, es urgente realizar una cirugía mayor para San Cristóbal.

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